Miércoles, 27 de junio de 2007. Año: XVIII. Numero: 6401.
OPINION
 
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Europa, contra la memoria
ARCADI ESPADA

El azar, tan creativo, de los periódicos encara Ondarroa conála cumbre europea, yáal cabo de conocerse empiezan a dialogar, según costumbre. Ondarroa es el símbolo de hasta dónde han llegado los asuntos públicos en el País Vasco. Un lugar, escuetamente, donde no se puede ser español. Y es, también, un lieu de mémoire, por decirlo en esa materializada expresión francesa. Toda la política vascaáse hace en nombre de la memoria, y destacadamente en nombre de los muertos, sean actuales o remotos. Un lugar sometido por el pasado y su impunidad, como cualquier otro donde impera la dictadura nacionalista. Y un lugar también donde el acuerdo parece imposible, hasta tal punto es pétreo el bloqueo.

Al otro lado del periódico está Europa. Lo de menos, en este momento, es si los avances en el acuerdo son reales y hasta qué punto la cumbre supone una burla despótica (y por razones contradictorias)áde la opinión de los electorados de Francia, Holanda y España. En todo ello puede haber una parte de verdad. Pero empalidece ante la cuestión de fondo. Hace poco más deásesenta años de Auschwitz: todavía viven asesinos y algunos supervivientes que no formaron parte del millón largoáde personas destruidas en los campos del complejo.áHablamos en los periódicos, con nuestra feliz y habitual ligereza, del eje franco-alemán: entre los lectores deáperiódicos hayáaún bastantes que vieron desfilar a Hitler por las avenidas de París. No hay duda de que determinadas actitudes de los gobernantes polacos son una amenaza para la razón, y conviene ir plantando cara a estos patéticos savonarolas, humo de patria y sacristía: pero Polonia había dejado de existir (¡de existir!), hace sesenta años. De la destrucción del Muro de Berlín, del fin del comunismo y de la partición física de las familias europeas hace menos de treinta.

Europaágestiona una posguerra, aunque todos esos sucesosáparezcan ya muy lejanos. Laáilusión ópticaáesáconsecuencia de un movimientoáprofundo, imponente: Europa está haciendo una política contra la memoria, ese sentimiento.áLa política no incluye el olvido o la tergiversación del pasado: hay tanto acuerdo en que Alemania invadió Polonia como en que Roma destruyó a Cartago. Pero los hijos no quieren hacer política ni con los padres ni con los abuelos.áUna impura y febril voluntad de presente se extiende. No creo que pueda discutirse que los europeos han hecho unásevero trabajo contra la posibilidad de que la memoria decida la historia y la política,áy que los resultados son más que buenos. Casi inverosímiles.

Y Ondarroa, enclave.áSingular andorra, puerto franco del odio.

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(Coda: «Así que ¡hablad, recuerdos, elegid vosotros en lugar de mi»! Stefan Zweig. El mundo de ayer. Acantilado, 2001)

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