Septiembre 17, 2007

El hispanista de la No Hispania

http://www.criterio.es/2007/09/el-hispanista-de-la-no-hispani.html

Publicado por Órdago a las Septiembre 17, 2007 08:13 AM
Comentarios


Muy bien Pérez Reverte con un par de cojones.

::1:: Publicado por: Spectrum a las Septiembre 17, 2007 09:38 AM

Aquí de subvenciones se vive muy bien. Los los amigos que tengo en CiU o ERC están todos enchufados en Benestar Social y otros chiringuitos varios. No estonto el inglés, sabe a quién lamerle el culo para chupar del bote.
Excelente expresión de arrebato la de Reverte.
Un abrazo

::2:: Publicado por: pep a las Septiembre 17, 2007 10:37 AM

Lo que si existe es la chupadera de parásitos que viven de la no Existyencia de España, pero cobrando en pasta del erario que si existe

::3:: Publicado por: bue a las Septiembre 17, 2007 10:45 AM

Henry Kamen, como algunos extranjeros aviesos en las "artes" nacionalistas, no dudan en coger la patita del nacionalismo, cuando un enorme chalet en la Costa Brava, sirve para su pomposa vida privada o cuando otras contraprestaciones van de la mano ..
Tenemos a otro "literato" el denominado "el guiri" en los programas de buenafuente, el ingles que tiene una columna hablando sobre Catalunya en un periodico ingles, se le vio por la costa brava, pidiendo informes sobre tal o cual persona(no nacionalistas) para tener eso,informes ....
Y quien se los da? Un nacionalista of course ....
Eso si, no se metan con la reina madre o la milenaria Scottish leyenda.
Que en la costa brava abunda la triada Escoceses(sobretodo estos),Holandeses(algunos son buenos mercaderes y tambien saben a que lado hay que arrimar la sardina), y algunos ingleses a favor del nacionalismo,son los menos pero los mas cicateros,humor britanico al servicio de su majestad? no no al servicio de Mas o Carod ....
Hay contrarios al nacionalismo? Si, mas de lo que se piensan .. pero esos son anonimos, a esos no se les hara una entrevista, y ya va siendo hora...(no esperen que las ecuanimes camaras de TV3 se acerquen)
Informense sobre el asunto trae miga ...

::4:: Publicado por: Aureus a las Septiembre 17, 2007 11:21 AM

Pérez-Reverte, como buen nacionalista, se indigna cuando le mentan que su nación es tan inventada como las historias que escribe.

::5:: Publicado por: Godwin a las Septiembre 17, 2007 11:49 AM

Godwin, Pérez-Reverte, como persona sensata se indigna cuando algunos mienten y manipulan la Historia. Mentiras que otros se tragan sin rechistar.

::6:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 12:01 PM

Godwin:

No distraigas la atención sobre el verdadero contenido del artículo.

Aquí de lo que se trata es de decir bien alto que LOS INTELECTUALES DEL NACIONALISMO SON LA VOZ DE SU AMO, SON SICARIOS DE LA INTELECTUALIDAD.

No tienen ninguna credibilidad porque no dicen lo que es, sino lo que les dicen que digan los que les pagan.

Y este no es el caso de Pérez-Reverte. Es el caso de los espabilados que se han montado el chiringuito en connivencia con el separatismo reaccionario y tergiversador.

- - -

Siempre intentas comparar el nacionalismo español con los separatismos periféricos, y sabes que no es lo mismo. El españolismo está aletargado y drogado desde la Transición. En cambio, los nacionalismos centrífugos llevan ese mismo tiempo siendo financiados con nuestro dinero, cuando la secesión es el proyecto particular de unos pocos. Para ello, cuentan con unos políticos prevaricadores que montan el pollo cada día a costa de pasar por alto la gestión de las necesidades que están a su cargo.

::7:: Publicado por: Harum a las Septiembre 17, 2007 12:08 PM

Como ya he dicho varias veces, desde el punto de la ideología todos los nacionalismos son iguales, todos se basan en lo mismo.

En este caso si leeis el texto de Pérez-Reverte vereis que las "pruebas" de que su nación existe no son diferentes de las que cualquier nacionalista catalán aduciría para probar que su nación existe: mirar la Historia e intentar extraer determinados aspectos que prueban la existencia de la nación. Siempre es igual.

Eso, por no hablar de la forma peculiar en que se realiza esa mirada histórica, para muestra un botón:

"Y, por supuesto, 1492, Las Navas de Tolosa, Pavía, Otumba, Trafalgar, Bailén o Cavite; incluidos Tolón, Tenerife, Cartagena de Indias, Buenos Aires y otros lugares donde los ingleses, pese a su motivación patriótica indiscutible y a su brillante cultura nacional anterior al siglo XX, se llevaron una enorme mano de hostias"

...realmente lamentable.

::8:: Publicado por: Godwin a las Septiembre 17, 2007 12:25 PM

Todos los nacionalismos son iguales en el plano teórico, pero no en el mundo real.

Aquí, en España, tenemos nacionalismos separatistas operativos, en funcionamiento intensivo, que cuentan con todo el respaldo de las Administraciones, y tenemos un nacionalismo español en horas bajísimas y sin ningún gobierno que lo defienda.

No voy a ser yo quien suspire por el Imperio. Lo que digo es que ya está bien de comparar cosas icomparables en la práctica. El rollo cansino sobre el nacionalismo español es una excusa de mal pagador, es un cuento de miedo para asustar a las viejas. Por el contrario, el catalanismo, el vasquismo y lo que se quieran sacar de la chistera forman parte de la soez, muy soez realidad de la España actual.

::9:: Publicado por: Harum a las Septiembre 17, 2007 12:51 PM

Totalmente de acuerdo con harum, Goldwin es un fascineroso, en realidad utiliza una tactica muy pujoliana.
Se trata de igualar los papeles en un falso hilo demagogico el cual trae implicito un corto carrete ...

Sin duda alguna estamos hartos de falaces argumentos, no todo vale para igualar casos, una nacion ya construida no puede intentar igualarse a una entelequia que intenta construirse en base al odio a la "otra"

::10:: Publicado por: pretoriano a las Septiembre 17, 2007 12:58 PM

Yo no se qué pensaréis, pero a mí siempre me ha llamado la atención los numerosísimos historiadores extrajeros que continuamente vienen a contarnos la historia de España (Henry Kamen, Hugh Thomas, Gerald Bernan, Antony Beevor, Stanley Payne, Ian Gibson...), y que aquí, como son extranjeros y los españoles somos unos papanatas, cualquier cosa que digan sienta cátedra. Algunos de ellos han escrito cosas de indudable valor, pero otros desbarran claramente, y es que digo yo, más sabremos nosotros de lo que a pasado en España, que no uno que viene de fuera. No creo que en otros países se dé un fenómeno similar, no creo que las autoridades sobre historia inglesa sean historiadores franceses o alemanes, o las autoridades sobre historia francesa historiadores españoles e italianos. Supongo que en otros países para que te tomen en serio no es sufiente con venir de fuera.

::11:: Publicado por: URL a las Septiembre 17, 2007 01:04 PM

"Y, por supuesto, 1492, Las Navas de Tolosa, Pavía, Otumba, Trafalgar, Bailén o Cavite; incluidos Tolón, Tenerife, Cartagena de Indias, Buenos Aires y otros lugares donde los ingleses, pese a su motivación patriótica indiscutible y a su brillante cultura nacional anterior al siglo XX, se llevaron una enorme mano de hostias"

...realmente lamentable.
::8:: Publicado por: Godwin a las Septiembre 17, 2007 12:25 PM

¿qué es lo lamentable? ¿No se fueron calentitos los ingleses en esas batallas como nosotros nos fuimos en Trafalgar, Cuba, Filipinas o Annual?

::12:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 01:13 PM

¿En serio? ignoraba que Inglaterra participara en Las Navas de Tolosa, en "1492", Pavía, Bailén, Cavite...

::13:: Publicado por: Harto de brutos ignorantes a las Septiembre 17, 2007 01:31 PM

Qué bobada eso de que todos los nacionalismos son iguales. Por supuesto que no es lo mismo el nacionalismo de Hitler que el de Hetmul Kohl, ni es lo mismo el nacionalismo de los Maulets que el de CIU, ni es lo mismo el nacionalismo de ETA y el del PNV. Hay nacionalismos que se hacen contra otros, que agreden, que separan, que inculcan odio al diferente, que exterminan, que asesinan...

::14:: Publicado por: URL a las Septiembre 17, 2007 01:33 PM

Y el Pérez Repelente ya da mucho asco con sus insultos y su grosería pretendidamente "punzante". Claro, los idiotas lo justifican diciendo "ej que es un tio que no se calla y dice laj cosah como son... ¿sabeh?"

Payasos.

::15:: Publicado por: Harto de brutos ignorantes a las Septiembre 17, 2007 01:37 PM

Muy buen blog, te felicito. No deberías leer esto... Es retorcidamente maquiavélico. Entra y verás, ya me dirás como te funciona:

www.personal.able.es/cm.perez/Extracto_de_EL_ARTE_DE_LA_VENTAJA.pdf

::16:: Publicado por: estrategiaymente a las Septiembre 17, 2007 01:39 PM

Primero aprende a leer y luego hablas:
"Kamen, tan aficionado a desmontar los de otras naciones. Como historiador, don Henry conoce nombres y fechas: 1492, Las Navas de Tolosa, Pavía, Otumba, Trafalgar, Bailén o Cavite;[ATENCIÓN PUNTO Y COMA, EMPIEZA OTRA ORACIÓN] incluidos Tolón, Tenerife, Cartagena de Indias, Buenos Aires y otros lugares donde los ingleses..."

::17:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 01:50 PM

El comentario anterior es para Harto de brutos ignorantes

::18:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 01:51 PM


Aureus
quien te gusta menos, los giris que viven en la costa brava y, en castellano, defienden el nacionalismo catalan, o los que son mayoria, que han venido a jubilarse y como en el super ya entienden ingles no quieren aprender español y van al medico y exigen que les atiendan en ingles? como les va a gustar el catalan si no saben ni castellano ni les importa.
Harum
"Aquí de lo que se trata es de decir bien alto que LOS INTELECTUALES DEL NACIONALISMO SON LA VOZ DE SU AMO, SON SICARIOS DE LA INTELECTUALIDAD."
ya se, son cesar vidal y pio moa no?

::19:: Publicado por: rc a las Septiembre 17, 2007 01:52 PM

Por cierto en Bailén sí había tropas inglesas, pero a nuestro favor en este caso. Bueno, más que en nuestro favor, en contra de Francia.

::20:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 01:53 PM

PP o KKK?

El pasado 10 de septiembre, el diario 'El Punt' publicaba unas declaraciones de Daniel Sirera, nuevo dirigente del PP catalán, en que, refiriéndose en Catalunya, decía que "aquí nunca hubo independencia". El señor Sirera, claro está, pertenece a un partido acostumbrado a la mentira. De hecho, la mentira es el rasgo más definitorio de la personalidad de esta formación política. Miente en Catalunya, tergiversando la historia, y miente en España, intentando hacer creer que fue ETA la autora de los atentados del 11-M. La mentira es el recurso del desvergonzado. Sin ella no es nada.

En Catalunya, por suerte, el Partido Popular es un partido marginal repudiado por la inmensa mayoría de la sociedad catalana. Y tampoco tiene futuro en el País Vasco, donde, en contra de la voluntad de la ciudadanía, sólo puede gobernar en municipios abertzales mediante la prohibición de listas electorales. Es decir, recurriendo a la praxis de las dictaduras. Son los modos propios de los hijos ideológicos del franquismo que reviven por la cobardía de los demócratas en no haber sentado los fascistas ante un tribunal penal internacional. Ahora pagamos las consecuencias. Yo mismo, casualmente, me refería en un artículo anterior cuando decía que "sólo han transcurrido sesenta y dos años desde de la caída del nazismo y ya hay historiadores que niegan el genocidio judío; sólo han transcurrido treinta y dos desde de la muerte de Franco y ya hay políticos que niegan el etnocidio de los Países Catalanes".

Pero hay que ir con cuidado con esta gente porque no son demócratas, no lo han sido nunca ni tienen la más mínima intención de serlo. Sólo se sirven parcialmente de la democracia –no tienen otra alternativa- para mirar de perpetuar la ideología de Felipe V. Son alérgicos a los valores democráticos, odian el derecho a la autodeterminación de los pueblos y dan a España un valor sagrado y espiritual. La histeria de su nacionalismo los homologa con el Ku Klux Klan. El Ku Klux Klan sacralizaba la raza blanca, el Partido Popular (como Ciudadanos) sacraliza la unidad de España. La prueba es que, traspasado ampliamente el umbral del siglo XXI, continúa negándose a condenar el franquismo. Y es que debe de ser muy duro condenar públicamente aquello que da sentido a tu vida.

Víctor Alexandre · 17/9/2007 · e-notícies

www.e-noticies.com/opinions/pp-o-kkk-28414.html

::21:: Publicado por: J.J. a las Septiembre 17, 2007 02:28 PM

JJ ese articulo originariamente esta en Catalan ...gracias por tomarte la molestia de traducirlo al castellano,es Victor Alexandre, el de Catalunya es una civilizacion! lo mejor desde Stephen Hawkings, Darwin y la teoria de la evolucion ...
Por cierto evolucionan bien sus ventas con Eric el Fenix, que tal las ventas, cuanto se lleva a la buchaca?
Otro mediocre mas ...
En cuanto a lo que dice Areus, se comenta que en la zona de la costa brava,Lloret de Mar aparecio "el guiri" Ingles (personaje del programa de Buenafuente en TV3) en el que aparecio rodeadito de otros no tan "guiris" muy nacionalistas para una especie de espionaje, un busca historias para sus narraciones, eso si pidiendo informes a nacionalistas sobre otros no nacionalistas...
Menudo inglesito .. tambien subvencionado?
Y por cierto cuantos historiadores viven en la costa brava afines al nacionalismo? Debe ser una gozada escribir desde la bartola y todos los gastos pagados ...

"Hartos de brutos ignorantes" Aplicate el nick necio-rural-payes, siempre puedes acudir al hara kiri estilo el Xiri, y dejar tu orla para los bolets ...

::22:: Publicado por: Incicatus a las Septiembre 17, 2007 02:42 PM

JJ, ¡qué malas son las obsesiones!, tan mal estás que acabas juntando dos de tus obsesiones, el PP y Felipe V, para concluir que ¡El objetivo del PP es perpetuar la ideología de Felip V!
Estas enfermo, decir que el PP es homologable al Ku-klux-klan, supongo que me podrás dar datos de separatistas emplumados a linchados por iracundos peperos, o alguna declaración de algún relevante dirigente del PP incitando a ello.
El PP condenó el franquismo en el Congreso, y ha apoyado la concesión de pensiones a los militares republicanos, pero se ve que tu no estabas. Ahora dime cuando ERC condenó del golpismo de Companys o de Macià, o cuando el PSOE condenó el fracasado golpe revolucionario del 34, o cuando el PCE condenó los sucesos de Paracuellos. Unos no son capaces de condenar lo que hizo su partido, y a otros se les pide que condenen lo que hizo un dictador como si ellos fueran responsables. De todas formas que fácil es condenar para todos aquellos que medraron en el franquismo y ahora se ponen medallas antifranquistas(Cebrián, Polanco, Maragall, Samaranchs...), supongo que lo fácil es estar siempre con quien manda. En cambio hay todavía muchos que fueron perseguidos durante el franquismo y durante la democracia, por oponerse entonces al totalitarismo franquista y ahora al totalitarismo de los nacionalistas radicales que queman y disparan a la nuca. La diferencia de talante parece clara. Yo no dudo de que todos esos partidos sean demócratas, pero dudo de que tú lo seas por esa obsesión que tienes que te lleva al igual que a tus mentores a perseguir desde el poder a la oposición (entre la poca oposición que hay) llamando a cordones sanitarios y pactos del Tinell.

::23:: Publicado por: URL a las Septiembre 17, 2007 03:08 PM

Pérez Reverte le recuerda la realidad al nacionalcatalanista de origen inglés. Indiscutible cada una de las afirmaciones y citas históricas.
El inglés que un día fue historiador, ahora no es nada más que un nacionalcatalanista abducido como tantos otros. La ventaja sobre otros nacionalcatalanistas abducidos, es el dinerillo que le saca a su abducción.
Una vez más, la mediocridad intelectual del nacionalcatalanismo al descubierto.....

::24:: Publicado por: Andriu a las Septiembre 17, 2007 03:11 PM

rc:

Pío Moa y César Vidal no están cobrando del gobierno español. Defienden las tesis del PP, algo muy distinto.

Confundir un determinado partido político con un Estado o con los ciudadanos de esa Nación es muy típico de los nacionalistas, de su demagogia. No en vano la corriente mayoritaria de los nacionalistas catalanes acuñó la expresión: "Pujol Catalunya".

::25:: Publicado por: Harum a las Septiembre 17, 2007 03:13 PM

Uno, aplícate el cuento y aprende tú a citar antes, idiota.

Incicatus, no soy catalán. Lo que sí que sé es que, subnormal como tú, no soy.

::26:: Publicado por: Harto de brutos ignorantes a las Septiembre 17, 2007 03:15 PM

Impresionante, tú no lees el texto original y me llamas idiota por que según tú no se citar. Pero mi cita corresponde a lo que Godwin ha escrito en el comentario 8, por tanto si mi cita es la misma que la de Godwin, Godwin es el idiota, ¿no?
En cualquier caso a falta de argumentos insultos, vamos como cualquier radical, sea este independentista catalán (ERC, CiU) o de extrema derecha.

::27:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 03:27 PM

Errata mía, al poner "...vamos como cualquier..." quería decir "..vamos, como cualquier..."

::28:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 03:28 PM

jajajajajja que te calles la puta boca de una vez, analfabeto de mierda. Jajajja ni poner una cita sabes, inútil...

::29:: Publicado por: Harto de brutos ignorantes a las Septiembre 17, 2007 03:33 PM

"Hartos de Brutos Ignorantes"

Me da igual que seas de mostoles, o de Bilbao pero reconozco a un ignaro bobino a leguas y en este caso el mayor papanatas que haya dado pie a la burla facil eres tu.

Por eso da igual que no seas payes, en todo caso eres un necio campestre, rural a todas luces.

Acuestate.

::30:: Publicado por: Incicatus a las Septiembre 17, 2007 03:40 PM

Fases de alguien que se queda sin argumentos y no reconoce estar equivocado:

1º No rebate el contenido si no el continente ("No sabes citar".
2º Agresión verbal, insultos que aumentan en gravedad (idiota, analfabeto de mierda...)
3º Agresión física. Por fortuna para mí esto es un espacio virtual esta fase no podrá alcanzarla Harto de brutos ignorantes, pero por su último comentario creo que lo desea.

::31:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 03:40 PM

ja ja ja pobre nazionata fijaos como se quitan la mascara y dice que no es catalan! Sera Valenciano pro catalanista, no es asi Domenech?

"Claro, los idiotas lo justifican diciendo "ej que es un tio que no se calla y dice laj cosah como son... ¿sabeh?""

Muy tipico, los sintomas, son, odio a las J, odio a las "ñ" y poco mas ... algo en la sesera? No intenten encontrarlo señores, son demasiados obvios!

::32:: Publicado por: Target a las Septiembre 17, 2007 03:49 PM

Le pediría al cobarde de "J.J." que si quiere hacer intervenciones en este foro, por favor, las haga en su nombre, o al menos no en el mío. No me caso con las ideas de nadie, ni siquiera con las de alguien que pretende tener las mismas ideas que yo.

Firmado,
El auténtico JJ

::33:: Publicado por: jj a las Septiembre 17, 2007 03:52 PM

Y ahora tratando el tema. Veamos qué ejemplos de cultura española pone Perez Reverte como muestra de la existencia de la nación Española desde el principio de los tiempos:

"desde Séneca, Quintiliano, Pomponio Mela o Marco Valerio Marcial hasta hoy, incluidos Isidoro de Sevilla, Berceo, Cervantes, Gracián, Velázquez, Quevedo, Goya, Moratín, Galdós o Machado, ni fue nacional, ni fue cultura, ni fue nada. Sólo verduras de las eras."

O sea, cultura latina y cultura estrictamente castellana.

"Así, negar lo innegable es ignorar, por la cara, la Ispania de Estrabón, la Spania de Artemidoro y la Hispania de Tito Livio; [...] monarquía hispano-visigoda, el concilio de Toledo, el «Yo són I chomte d’Espanya que apela hom lo chomte de Barcelona» de la Crónica de Bernat Desclot, los «Quatre reis que ell nomená d’Espanya, qui son una carn e una sang» de Ramón Muntaner..."

O sea, otra vez la hispania geográfica: la hispania romana, provincia latina y parte del imperio romano y, por tanto, sin ninguna entidad como nación; "chomte d'Espanya que apela hom lo chonte de Barcelona", o sea, el conde español que lleva por nombre Conde de Barcelona; los cuatro reyes que el nombró de España (otra vez el sentido geográfico del término). ¿Cuatro reyes para una nación?

En fin, que los ejemplos que da Pérez Reverte dan la razón precisamente a Kamen. Si hubiese hablado de Ramón Llull o Ausiàs March como ejemplo de cultura española aún se podría creer en lo que decía, pero tratando en exclusiva la cultura castellana como la "española" y acudiendo a citas de caracter geográfico como referencia nacional, la verdad, no hace más que desacreditarse él solito y quedar como un imbécil que hace exáctamente lo mismo que esos imbéciles a los que critica con tanta saña.

::34:: Publicado por: jj a las Septiembre 17, 2007 04:05 PM

este blog ya tiene historia de permitir la ursupacion de nicks.

lo permite cuando ideologicamente le conviene.

que nadie pueda hacerse pasar por otro seria la minima garantia. sin ella no hay blog.

¿libertad de expresion? se la pasan por el forro.

ciuDADAnos unidos. no cabe esperar mejoria.

¿alguien todavia se pregunta porque estoy tan en contra de c's?

::35:: Publicado por: pucnik a las Septiembre 17, 2007 04:08 PM

No JJ es al contrario es una interpretacion malintencionada, esta claro que hablas de un historiador a sueldo del nacionalismo Kamen, si hubiera puesto esos ejemplos hubiera sido puesto al servicio del nacionalismo contrargumentando que esos son "catalanes" y no "cultura Española" alargando el debate, solo hacian faltas esas reseñas a todas luces correctas.
Nadie le da la razon a ese pseudohistoriador con cheque pagado a costa de nacionalistas.
La pregunta es ... tiene chalet en la Costa Brava? los favores no son gratuitos hay siempre una contraprestacion ...
Por cierto suele ser portada de TV3 y de medios afines dice mucho de su "sectarismo" y de la ideologia de la que se hace cargo ..suponemos que su estomago debe estar bien agradecido ..

::36:: Publicado por: Andaya a las Septiembre 17, 2007 04:11 PM

A todo esto, reconocer que el señor tiene su gracia escribiendo, aunque ese rollo castizo que se gasta mucho por este país, hilando rosarios a base de tacos me sobra un poco. Además, Cela lo hacía mejor...

En todo caso, me ha gustado la primera respuesta del post:

"Muy bien Pérez Reverte con un par de cojones."

En la línea de Reverte... esa españolidad basada en la brabuconería, en el cagarse en Dios, la virgen y en todos los santos, y en reconocer que el prestigio de una persona se basa no en su criterio, sus ideas, sus méritos, etc., sino en "sus cojones"... Olé, olé y olé.

¿Y luego se extrañan de que algunos quieran separarse de ustedes?

::37:: Publicado por: jj a las Septiembre 17, 2007 04:11 PM

11)

Es normal que haya tantos hispanistas. Hay tres países en Europa que son un auténtico laboratorio para historiadores: Francia, Gran Bretaña y España.

La razón es que han tenido historias paralelas vividas de diferente, o no tan diferente, manera.

::38:: Publicado por: perez a las Septiembre 17, 2007 04:12 PM

Pues pucnik si es porque te suplantaron el nick no es razon suficiente pasa como en las mejores familias cuando hay una herencia por medio ..
Pero esto es internet y es un foro en el que el acceso no es con registro, tiene el inconveniente de eso,pero tiene la gran ventaja de acelerar los comentarios y darle una fluidez inusitada ...
Para gustos colores ..

::39:: Publicado por: Dr No a las Septiembre 17, 2007 04:15 PM

Andaya, deja de decir tonterías.

Lo que hace Reverte es asimilar cultura española a ejemplos de cultura latina y castellana, sin nombrar a nadie fuera de esos ámbitos culturales. Él seguramente no se da ni cuenta, pero en el fondo está haciendo algo aún peor que los nacionalistas que critica. Esos nacionalistas no le niegan a los castellanos su cultura y sus méritos, mientras que Reverte asume que España no tiene nada que ver ni con Ramón Llull, ni con Auxiàs March, ni con Joanot Martorell, por poner tres ejemplos de escritores en lengua valenciana/catalana. Si Reverte pretende hablar de España como un continuo histórico, no se puede obviar las leyes y culturas de una buena parte de esos españoles que dice representar bajo el nombre "España". Si lo hace, entonces no se le puede acusar de menos que de cometer el mismo pecado que tanto acusa en ojos ajenos.

Por último, decir que todos esos ejemplos que nombra Reverte también sirven para Portugal, que es tan Hispania como nosotros, también compartió la monarquía visigótica, el conilio de Toledo, un buen manojo reyes españoles e hizo la reconquista como nosotros y por los mismos motivos (sí, sí, también participaron en las Navas de Tolosa). ¿Alquien aquí está dispuesto a decirles a los portugueses que son españoles?

::40:: Publicado por: jj a las Septiembre 17, 2007 04:19 PM

Ese señor JJ,Arturo Perez Reverte ha visto mas guerras de independencia que tu en toda la vida juntas, incluyendo Yugoslavia a pie de campo, Congo, Irak, Afganistan etc ... (pueden mirar su curriculum)
Puedes inferirle en las acepciones pero no en el fondo, tambien podriamos tachar de inmensamente "chauvinitas" e "hipocritas" el doble discurso tanto moral como etico de CIU o ERC.
Se puede elegir, Heribert Barrera, Jordi Pujol y una larga constelacion de estrellas ..
Arzalluz tal vez y su RH-
Mejor brabuconeria que no falsos modales y jugar al "multiculturalismo" de ERC para despues gastar cheques de catalanidad o aliarse con PxC...
La espontaneidad y lo campechano denotan normalidad discurrir por ambitos de demagogia sin decir las verdades suele tener un recorrido bien corto aparte de dejar a la persona totalmenete retratada.

::41:: Publicado por: Pretoriano a las Septiembre 17, 2007 04:22 PM

cuando hay ursupacion de nick y los administradores son informados de ella deben actuar convenientemente.

si no lo hacen, no hay base para seguir con el debate. no importa si la gente entra anonimamente, pero sí importa tener la seguridad basica de que nadie puede hacerse pasar por otro.

si alguien te puede suplantar ya no hay libertad de expresion, sino fraude. esto no es de gustos.

::42:: Publicado por: pucnik a las Septiembre 17, 2007 04:24 PM

jj no estoy de acuerdo en tus argumentos.
Claro que la cultura española es latina, toda la cultura española, portuguesa, italiana es latina, en cuanto a lo castellana, supongo que te refieres al idioma que hablaban no a la entidad geográfica (Velazquez era andaluz, Goya aragonés, Galdós canario...)
El mismo dice que los conceptos de España griega o romana (Spania, Ispania...) son geográficos, cosa importante y primer paso para la creación de una nación como la conocemos actualmente (una nación tiene un ámbito geográfico, no hay nación que no tenga territorio). No podemos comparar las naciones como se entienden ahora a como se entendían hace 1000 años. Las citas catalanas son un claro ejemplo de como los catalanes en esa época conocían su pertenencia a un estado, el español que se estaba gestando en esa época.

::43:: Publicado por: uno a las Septiembre 17, 2007 04:26 PM

JJ las tonterias las dices tu, te estas cogiendo de un fino hilo , fijate de quien hablas caramba! se ecuanime, ya sabemos que eres de ERC pero no te intentes coger de una liana!
Perdon a los foreros es muy largo pero se desmonta uno a uno por el historiador de la complutense el falaz signo del MENTIROSO kamen, entiendan el enfado de REVERTE!!!
Desglosado para ti JJ analisis impoluto de la obra de Kamen al que tanto alabas ...

UNO A UNO
El «Imperio no unificado» de Henry Kamen:
mito, absurdo y manipulación
José Manuel Rodríguez Pardo

Reseña crítica al libro de Henry Kamen, Imperio.
La formación de España como potencia mundial, Aguilar, Madrid 2003

«Nos hemos acostumbrado a pensar en la realidad de nuestro país, con arreglo a un criterio distinto, cuando España en el siglo XIX se convierte en una realidad más bien provinciana, que nunca había sido. Por eso, por ejemplo, si ustedes ven el Cuadro de las Lanzas, si preguntan quiénes son aquellos señores; el vencido, Justino de Nassau que ofrece las llaves al general vencedor; si ustedes se preguntan quién es este otro señor, les dirán, es don Ambrosio de Espínola. Diremos que es Espínola, claro, un italiano, un italiano al servicio de España. No. Era un español de Italia, que es distinto, al igual que había españoles de Lima, como es Olavide en el siglo XVIII; de Méjico o españoles de Buenos Aires o españoles de Manila, o españoles de Oviedo, españoles de Sevilla. Esta es la cuestión.» Julián Marías

Enrique Kameno, Imperio. La formación de España como potencia mundial, Aguilar, Madrid 2003 El mes de febrero de este año que ya finaliza, 2003, apareció en las librerías la obra que aquí nos disponemos a analizar. El libro Imperio, cuya edición fue acompañada de un extraordinario aparato mediático, incluyendo la presencia de reseñas en la prensa deportiva, no mereció sin embargo una gran atención del público. Hasta el verano no se agotó la primera edición, y no tenemos constancia, por el momento, de que se haya agotado la segunda. Aunque el criterio de la propaganda no sea suficiente para juzgar un libro, no cabe duda que sorprende su uso, sino en todo caso el análisis que realiza el historiador aquí citado. El caso de Henry Kamen, nacido en Rangún (Birmania) en 1936, en plena decadencia del Imperio británico, reviste características particulares. Autor instruido en Oxford, que sin embargo acude a España, donde es financiado por el CSIC, y donde las mejores editoriales del país, como Siglo XXI o Aguilar, le permiten publicar sus obras.

No obstante, puestos a juzgar su obra, referida a la etapa imperial de España, habría que señalar que el núcleo fundamental de la misma es precisamente el contrario al que señala, con lógica coherencia, Julián Marías en la cita inicial (cita que, por otro lado, anticipamos aquí que nosotros tenemos por válida, y que sirve de entrada para refutar el libro de Kamen). En palabras del propio Kamen su tesis es la siguiente:

«El presente libro es en esencia un bosquejo muy sencillo de algunos de los factores que contribuyeron al desarrollo del imperio español. Poco se dice de la propia España, puesto que sus historiadores han relatado la historia muchas veces y con mucha eficacia. Mi narración se dirige hacia la historia no contada. Considero a los españoles no como los únicos "impulsores y animadores" que "labraron la gloria de un imperio" (según las palabras del poeta), sino como copartícipes en una vasta empresa que fue posible únicamente gracias a la colaboración de muchas gentes de diversas naciones.»

Y de este modo:

«Fueron también las propias poblaciones conquistadas, los inmigrantes, las mujeres, los deportados, los marginados. Ni fueron sólo españoles: sino también italianos, belgas, alemanes y chinos. Muchos españoles prefirieron y todavía prefieren considerar el imperio como un logro exclusivamente suyo; estas páginas ofrecen material para alentar un punto de vista alternativo.» (pág. 12.)

Es decir, que Kamen viene a señalar, como tesis principal, que no fue España quien creó su Imperio:

«La primera gran conclusión es fundamental:estamos habituados a la idea de que España creó su imperio, pero es más útil especular con la idea de que el imperio creó España. En el despertar de nuestro periodo histórico, "España" no existía, no se había formado ni política ni económicamente y las culturas que la componían no contaban con recursos para expansionarse. La colaboración de los pueblos de la península en la tarea del imperio, sin embargo, les dio una causa común que consiguió reunirlos y acrecentar, aunque de modo imperfecto, la unidad peninsular.» (pág. 13.)

Resulta sin embargo extraño que aluda a lo que él denomina «historia no contada». Sobre tan oscura y contradictoria expresión habremos de discutir más adelante, pues si no existe relato no puede haber Historia, es decir, que hablar de «historia no contada» es equivalente a hablar de «círculo cuadrado». Sin embargo, y volviendo a la tesis del párrafo anterior, hemos de señalar la contradicción de afirmar que el Imperio no era una creación española: si el Imperio no era creación española, entonces habrá que concluir que no era un Imperio español, lo que obligaría a Kamen a señalar quién dirigía políticamente tal Imperio. O bien si el Imperio era español, habría que decir que España no lo constituía esencialmente, y que en todo caso se formaría por una serie de naciones sin centralización fija. Es decir, que España formaba parte de un «Imperio no unificado», como señalamos en el título de nuestro estudio. Dadas estas dos posibilidades, es nuestro objetivo analizarlas y ver sus errores respecto a la tesis inicial, como decimos contrapuesta a la de Julián Marías.

El mito del imperio no unificado

Es significativo que Henry Kamen señale que el origen de su libro proviene de una serie de críticas realizadas a una obra publicada hace unos años, Felipe de España (edición española de Siglo XXI, Madrid 1991), en las que presentaba una tesis, a juicio del inglés novedosa, en la que:

«Un distinguido historiador, al reseñar el libro, sugirió que mi apunte estaba «lejos de ser antiespañol, pero hay afirmaciones que sorprenden», porque yo declaraba que el contingente español en la batalla constituía únicamente una décima parte de las tropas, socavando con ello el punto de vista clásico según el cual San Quintín fue una victoria española. El autor «olvida», señalaba este historiador, «que una batalla la gana quien la dirige, quien la costea, quien suministra las tropas. Aquella batalla fue decidida por los infantes españoles. Y lo mismo se podría decir de Lepanto». Estas objeciones parecían perfectamente razonables y dieron pie, por mi parte, a una serie de cuestiones que han cristalizado en este libro. ¿Quién hizo qué?, ¿quién pagó por qué? son preguntas cuya respuesta no siempre puede encontrarse. ¿Conquistó Cortés México? La sorpresa de Bernal Díaz del Castillo ante los informes de un historiador oficial, Gómara, que sugerían que Cortés había derrocado casi en solitario al poderoso imperio azteca, no fue mayor que la mía al descubrir que algunos estudiosos hacían afirmaciones similares acerca de la creación del imperio español.» (págs. 9-10.)

E incluso llega a decir que los españoles no han aportado nada a la civilización, pues siempre han recibido beneficios del exterior:

«Hace dos generaciones, intentando valorar la contribución española a la civilización, Américo Castro afirmaba con razón que «toda innovación de alguna importancia fue siempre originada fuera de España». Las ideas religiosas, el humanismo, la tecnología, la ciencia, la ideología, todo vino (decía) del exterior [...] España se desarrolló gracias a lo que recibió del exterior, pero, al mismo tiempo, los españoles hicieron uso de su propio carácter esencial para elaborar el camino que los condujo al rango imperial.» (pág. 14.)

Nueva afirmación extravagante de Kamen: si las ideas religiosas llegaron de fueran, así como la tecnología, la ciencia, &c., sería de suponer entonces que los foráneos hubieran reclamado para sí la gloria, y lógicamente su punto de vista se habría impuesto, si realmente tenían tal superioridad en el plano religioso, ideológico, científico, &c., que España se viera obligada a utilizarlas. Sin embargo, si vemos el caso del catolicismo (las ideas religiosas), comprobaremos que éstas provenían, cómo no, de Roma. Y asimismo, la Santa Sede no hizo sino acopio de la Filosofía Griega y el Derecho Romano, para decirlo en términos de Unamuno (sin menospreciar los orígenes judíos del cristianismo). Y a su vez, la Filosofía Griega sería deudora de los mitos de otros pueblos bárbaros, y así sucesivamente, con lo que, siguiendo el razonamiento de Kamen, habría que concluir que nadie ha aportado nada original a la Historia Universal, pues todo el mundo se vale de lo que han creado otros.

Sin embargo, la afirmación que sirve para este desenfoque es la pregunta sobre quién hizo qué cosas. Siguiendo la lógica de Kamen, la respuesta sería quién (individualmente) realiza determinadas acciones. Así lo muestra este fragmento:

«"Poder" no significa única y exclusivamente la capacidad para imponer la fuerza. De un modo más exacto, el término puede aplicarse a las estructuras subyacentes que hicieron posible el imperio, a factores como la posibilidad de proporcionar financiación y servicios. En otras palabras, ¿quién aportó los hombres?, ¿quién concedió el crédito?, ¿quién facilitó las transacciones? [...].» (pág. 12).

Incluso señala, con cierto anacronismo, que la propia España era un «estado no unificado» y no existía como tal:

«A veces se ha dicho que el secreto del éxito fue la emergencia de "España" como nación. El potencial para la expansión marítima, sin embargo, nunca vino dictado por su potencial como "estado-nación". Los territorios peninsulares conocidos en conjunto como "España" no comenzaron su desarrollo como nación antes del siglo XVIII.» (pág. 56.)

Es curiosa esta posición, pues evidentemente señala una indigencia de conceptos en los historiadores comunes muy importante: ¿qué se entiende por Nación? ¿Se refiere a la Nación política o a la étnica? Es evidente que antes de 1789 no existe la nación política, como ha señalado Gustavo Bueno en España frente a Europa, por lo que aquí Kamen parece acertar al darse cuenta de que España no era nación (al margen de que un estado nación no posee mucho potencial por sí mismo). Sin embargo, Kamen en Imperio deja totalmente empequeñecidos los errores de los demás historiadores, pues llegará incluso a dudar que los pueblos peninsulares sean parte de España. Así, tenderá no sólo a hablar de los aragoneses, navarros, o incluso vascos, andaluces, &c., sino también de judíos [sic], moriscos [sic] como entidades al margen de la corona española, intentando ver en estas artificiosas separaciones (totalmente anacrónicas sin duda) los actuales problemas secesionistas [sic]. De semejantes errores tendremos ocasión de dar cuenta en lo sucesivo.

Sin embargo, frente al desbarajuste explicativo del inglés, hay que señalar que en Historia no cabe hablar de los actos individuales al margen de las sociedades estatales en las que estos individuos se encuentran inmersos. Es decir, no cuenta la individualidad separada de los proyectos en los que se inscribe, y sin los grupos humanos a los que sirve. De entrada, hemos de señalar, que esta distinción entre España y «los pueblos» que la elevaron a su rango imperial es totalmente artificiosa. Si los pueblos que colaboraban en la forja imperial de España estaban políticamente unidos bajo la misma jefatura del estado, la Monarquía Hispánica, entonces no cabe distinguir entre España y esos pueblos, pues todos ellos formarían una totalidad concreta o modo de producción, siguiendo el vocabulario marxista, en la que unos necesitan de otros, del mismo modo que en la sociedad capitalista no puede haber obreros sin empresarios, y viceversa. La invocación de este concepto del materialismo histórico basta para barrer de un plumazo toda la especulación de Kamen acerca de si los españoles crearon o no su Imperio. No obstante, vamos a seguir los razonamientos de Kamen para comprobar hasta dónde llegan sus errores.

Hemos de reseñar, no obstante, que no es la primera vez que Kamen comete este error consistente en sustancializar las partes constituyentes de España, sin comprobar antes si su existencia era posible, ajenas a la propia España. De hecho en otra ocasión ya afirmó Kamen:

«Realmente, la España que el príncipe Felipe regía en ausencia de su padre estaba cambiando de diversas maneras. Como muchos otros países de Europa, "España" no era un Estado unificado sino, más bien, una asociación de provincias que compartían un rey común. La mayoría de las provincias estaba agrupada bajo la Corona de Castilla, que incluía Castilla, pero también el reino de Navarra y las provincias autónomas vascas. Las provincias orientales, que formaban la Corona de Aragón, comprendían los territorios autónomos de Aragón, Cataluña y Valencia. Casi todas las provincias disfrutaban de sus propias leyes, instituciones y sistemas monetarios, y estaban sujetas al control político de su nobleza local.» (Henry Kamen, Felipe de España, Siglo XXI, Madrid 1997, pág. 21.)

Sobre este particular, Gustavo Bueno en España frente a Europa, pág. 9, ha señalado la inconcreción de hablar de España como «estado no unificado», igual que cuando se habla de una circunferencia que no esta cerrada. Si un estado no está unificado, entonces no hay propiamente estado, sino una pluralidad de reinos que, en todo caso, caminarían por rumbos distintos. Sin embargo, se ve que en el caso de España no existe tal cosa, sino una unificación de fines y proyectos que, siguiendo los razonamientos de Kamen, resultan imposibles de comprender. De hecho, cabría decir que Kamen, preso de sus erradas concepciones sobre el Imperio ya expresadas en Felipe de España, y de las que no ha abjurado a tiempo, ha extendido su error, para pasar del «estado no unificado» al «Imperio no unificado». Así, Kamen, que denuncia la existencia de mitos oscurantistas en la Historia de España, está el mismo contribuyendo a crear un mito aún más oscurantista, por la dificultad que implica para explicar coherentemente la Historia: Leamos al propio autor:

«Gran parte de nuestra concepción del pasado está impregnada de mitos y, como sucede con aquellos de entre nosotros que todavía se aferran a la idea de que la Tierra es plana, no hay motivo para que no se nos permita cultivarlos si son inofensivos [sic]. La historia del imperio de España, no obstante, no es inocua. Para los españoles de hoy el pasado no es un territorio lejano, es una parte íntima de la polémica que conforma su presente y continúa desempeñando un papel central en sus aspiraciones políticas y culturales.» (pág. 11).

Nuevamente encontramos unas afirmaciones que sorprenden, sobre todo cuando afirma que la creencia en la planicie de la Tierra es un mito inocente, cuando bien sabemos que, desconociendo la esfericidad de la Tierra, es imposible siquiera llegar a concebir su circunvalación. Del mismo modo, el mito del Imperio no unificado que Kamen ha creado en su libro Imperio, no puede ser considerado inocente, sino más bien gravemente deformador de la realidad. Tan deformador incluso como la Leyenda Negra, en la que aún sigue creyendo a pies juntillas nuestro historiador, aunque se esfuerce en disimularlo. Estas palabras de Kamen, publicadas en El Correo Digital, son una muestra evidente de esta profunda creencia:

«Al estudiar la historia descubrimos una evidencia y nuevas maneras de entender el pasado, y si privamos a los españoles del monopolio de la gloria de haber creado un imperio, también les eximimos del monopolio de la culpabilidad. Piénsenlo. Así, deja de existir de golpe la leyenda negra, por lo que entonces los malos no sólo fueron Cortés y sus hombres, sino muchos más, como los mejicanos que les ayudaron, por ejemplo. Y por esa misma regla de tres, no sólo los españoles fueron culpables de lo malo que sucedió en Europa, sino también, y quizá más, los italianos, los holandeses, los alemanes y hasta algún inglés, loco y católico, aunque me cueste decirlo, que estuvo en la Gran Armada y que quería luchar por España contra Inglaterra» (Aula de Cultura Virtual.)

Claramente comprobamos cómo Kamen, que presuntamente exonera a los españoles de la Leyenda Negra, distribuyéndola entre «otros pueblos», en realidad sostiene la existencia de tal Leyenda, pues lo que realiza el inglés con su nueva interpretación es un vulgar regateo, consistente en repartir las culpas sin antes demostrar que existieron previamente, algo que tampoco queda claro en el propio libro pues a veces se afirma que el número de esclavos era mayor que el de los libres, para en la página siguiente hablar de la facilidad con que los esclavos lograban su libertad, que los indígenas eran cruelmente tratados por todos los encomenderos nativos, para después afirmar que la gran mayoría de los encomenderos denunciaban los abusos, &c. En cualquier caso, la base para sus afirmaciones a favor de la Leyenda Negra son aún mas legendarias que el propio relato injuriador.

En definitiva, este mito del Imperio no unificado, creado ad hoc para su libro Imperio (aunque sin duda ejercido paulatinamente en obras anteriores, como en el caso de Felipe de España), no se proyecta sobre una duda nueva, pues esta duda que tiene Kamen, y que cree resuelta con su método, es la misma que Francisco Bacon se planteó en su época, a saber: cómo hacían los españoles para manejar tantos territorios con tan pocos hombres. Detalle que le dejaba perplejo y que hace que Kamen no logre superar tampoco esa perplejidad. Y sin embargo es un detalle fácilmente superable, y varios compatriotas suyos lo han superado apelando a grandes dosis de sentido común. Es el caso de Juan Elliot, quien resalta el diáfano proyecto imperial de España en empresas como la circunvalación de la Tierra, realizadas con el objeto de pillar a los turcos por la espalda (J. Elliot, La España imperial. Vicens Vives, Barcelona 1991, pág. 58).

Como muestra más elocuente de la confusión que padece Kamen, es conveniente señalar un párrafo que aparece al final de la introducción de su libro, en el que manifiesta que su libro pretende distinguir a los ciudadanos de los distintos reinos peninsulares sin señalarlos como españoles:

«Los ciudadanos de los reinos peninsulares son identificados a menudo por su lugar de origen a fin de no sembrar confusión mediante un uso impreciso del adjetivo "español" [SIC]». [...] (pág. 16) «La mayor parte de los nombres propios aparecen en su lengua original con el fin de que el lector no se vea inducido a error y piense que me estoy refiriendo a españoles.» (págs. 15-16)

Nuevamente nos topamos con términos confusos y contradictorios, como el designar a los ciudadanos peninsulares sin tener en cuenta que son «españoles», seguramente suponiendo que forman parte de un «estado no unificado», sin relación entre ellos. No menos extravagante resulta la afirmación de señalar los nombres propios en su lengua original (muchos de ellos, sin embargo, conservan, en tanto que topónimos, su calidad de españoles), para no inducir a error. Sería entonces de justicia que, a partir de ahora designemos a Henry Kamen de una forma españolizada, como Enrique Kameno, para no confundir al lector y que así no piense que estamos utilizando el inglés en nuestro estudio.

El mito del Imperio no español

En el final de la introducción de Imperio, Enrique Kameno señala algunos detalles metodológicos sobre su obra, sobre todo en lo relativo al concepto de Imperio que el propio Kameno maneja:

«Es importante puntualizar lo que el presente libro no es. No es una narración sobre el imperio atlántico, como el magistral estudio de J. H. Parry (1966), ni un relato sobre la política exterior española en Europa (un tema muy descuidado). Tampoco pretende ser, en ningún sentido, una obra controvertida; el imperio español desapareció hace cientos de años y sería fútil polemizar ahora sobre él. He sido parco en el uso de nombres, términos técnicos, datos y estadísticas. Los términos especializados y los valores monetarios aparecen explicados en el glosario. Las palabras "Imperio" e "Imperial", con mayúscula, se utilizan para referirse únicamente al Sacro Imperio Romano; las palabras "imperio" e "imperial", en minúscula, se refieren a los dominios españoles, aunque se utilizan también en otros contextos.» (págs. 15-16).

Vemos cómo el historiador inglés distingue entre «Imperio» e «imperio» cuando designa, por un lado a los dominios de Carlos V, y por otro a los dominios españoles [SIC]. Sin embargo, aquí surge de nuevo la contradicción. Si se distingue entre los dominios de Carlos V y los dominios españoles, ¿qué era lo que gobernaba Carlos V? ¿Acaso no fue un monarca de la Monarquía Hispánica? Más que probablemente, Kameno se está refiriendo como «Imperio» al Sacro Imperio Romano Germánico, el único que por aquellas fechas se autocalificaba como tal Imperio. Así es como lo designa, sin lugar a dudas, en el ya citado Felipe de España: «Gobernante de la mayor acumulación de Estados jamás conocida en la historia europea, [Carlos V] hizo que España representase un papel imperial que nunca antes había experimentado» (Felipe de España, pág. 22). Asimismo, también en este lugar, señala que: «El imperio de Carlos no fue creado por los españoles, pero éstos empezaban a desempeñar un papel importante en él».

También Gustavo Bueno, en España frente a Europa, pág. 10, ha destacado que esta posición es totalmente confusa, pues los españoles ya habían iniciado, años antes de que Carlos V accediera al trono, una política imperialista, no sólo en América, sino en los trámites obligados antes de su llegada, es decir, en las Islas Canarias. Curiosamente, Kameno habla de la conquista del archipiélago en estos términos:

«La ocupación de las islas tuvo un impacto desastroso en la población indígena, cuyas cifras se vieron reducidas muy significativamente durante la guerra. Para contar con mano de obra que trabajara el difícil terreno volcánico, los invasores comenzaron a esclavizar a las comunidades locales de canarios, gomeros y guanches. Tras las protestas de los nativos, la corona castellana dictó órdenes para restringir la práctica de la esclavitud. Dichas órdenes no se respetaron y existen documentos que registran, sólo en Valencia, la venta de seiscientos esclavos de Canarias entre los años 1489 y 1502. En total, la disminución de población en las islas superó el noventa por ciento. Los nativos colaboraron activamente en la tarea de conquista y los españoles dependieron de ellos en las expediciones contra los nativos de otras islas. Algunos incluso fueron reclutados en 1510 para participar en las guerras de Italia [Incluso hoy siguen siendo españoles, tras más de quinientos años de pertenencia a España, habría que añadir, por si Kameno no se dio cuenta del detalle]. A mediados del siglo XVI un inquisidor calculaba que el número total de familias nativas originales que aún quedaban en las islas no excedía de 1.200 familias; junto a ellas había una población mestiza cada vez mayor, "pues con los conquistadores vinieron muy pocas mujeres"» (págs. 29-30).

Asimismo, hemos encontrado que los datos manejados por Kameno son falsos, pues según señala Guillermo D. Philips Jr., aunque las leyes fueran incumplidas en ocasiones, la esclavitud de los originarios de Canarias cesó muy pronto (Historia de la esclavitud en España, Playor, Madrid 1990, págs. 149-151). No menos curioso es el escándalo de Kameno al comprobar que los guanches canarios se mezclaban con la población española, quizás debido a que el historiador británico está imbuido del mito del relativismo cultural y la creencia en que todas las culturas son iguales y merecen ser respetadas, cuando es evidente que no todas las culturas han logrado expandirse por medio mundo, como la hispánica, y no todas merecen el mismo espacio en los libros de Historia.

Pero lo que ya resulta el colmo es afirmar lo que sigue respecto a la ocupación de las Islas Afortunadas:

«La ocupación de las Canarias permitía vislumbrar el modo en que habría de evolucionar el imperio español. Aunque los castellanos promovían la empresa, portugueses, italianos, catalanes [¡SIC! ¿no pertenecían a la Corona de Aragón?], vascos [¡SIC! ¿no pertenecían a la Corona de Castilla?], judíos [¡SIC! ¿no pertenecían a ninguno de los reinos de «Las Españas»?] y africanos desempeñaban un papel sustancial; [...]» (pág. 30.)

Al margen de esa artificial sustancialización étnica respecto a individuos que tenían una perfecta identidad política, es decir, españoles, resulta totalmente contradictorio afirmar que sólo con Carlos V España alcanza rango imperial. ¿Acaso no reconoce Kameno que el imperio español se forjó ya años antes de la inclusión en sus territorios de un Imperio puramente nominal, como el Sacro Imperio? Sin duda la clave de todo el desbarajuste que proyecta Kameno sobre esta obra está en concepción puramente formal de lo que es el Imperio, que se denota en fragmentos como éstos:

«La gran época del imperio es un campo de batalla crucial en el área del mito y la controversia. Para el lector común, la palabra «imperio» implica conquista y extensión del poder nacional. Los españoles del siglo XVI sabían muy bien que, al aplicar la palabra "conquistador" a los aventureros de la frontera americana, reclamaban para la nueva empresa el rango imperial. La noción de poder pasó a ser de uso generalizado y con ella la utilización de términos como "la conquista española de América".» (pág. 11.) «Carlos ostentaba el título [SIC] de emperador sólo en Alemania, en el resto de sus reinos gobernaba según el poder que le correspondía en cada uno de ellos.» (pág. 72.)

Es decir, que para Kameno la condición de Imperio que ostentaba España era algo puramente formal. Ahora bien, ¿cuál es su definición de Imperio? Kameno la expresa en las siguientes líneas:

«¿Cuáles fueron las raíces de la aspiración "imperial" que España abrazaba? La palabra "imperio" (imperium) aún mantenía a principios del siglo XVI su vieja acepción latina, "poder" autónomo, frente a su sentido posterior de "dominio" territorial. En la Castilla de 1135, el rey Alfonso VII había sido coronado "emperador" y conocido como "emperador de España", un título que se acercaba más a sus pretensiones que al poder que en realidad ostentaba. En la época de Fernando el Católico, la noción de "imperio" seguía fascinando a los soberanos europeos. El "emperador" que más europeos reconocían era el regidor del Sacro Imperio Romano Germánico, posición que normalmente quedaba reservada a los monarcas alemanes. Se trataba de un cargo electivo, de modo que todos los soberanos europeos que lo ansiaran podían ofrecer su candidatura. Durante la Reforma, un consejero de Enrique VIII de Inglaterra aseguró a su señor que también Inglaterra era un «imperium» por propio derecho. Como hemos visto, Nebrija, al igual que otros castellanos, creía que España no necesitaba ningún vacuo título imperial, puesto que ya poseía la substancia del "imperium".» (págs. 26-27.)

En estas líneas observamos el tremendo galimatías al que nos somete Kameno con su definición de Imperio. Efectivamente, siguiendo la definición de Imperio que Enrique Kameno nos ofrece, Enrique VIII, a pesar de su soledad geográfica, podía reivindicar el imperium. Tanto es así, que Juan Carlos I de Borbón puede reclamar que hoy día, año 2003, España es un imperio, pues éste, como jefe de estado, tiene bajo su dominio una serie de territorios que constituyen España. Y la Commonwealth británica también sería, siguiendo la errada definición de Kameno, un Imperio, aunque sólo exista como tal en los documentos y las ceremonias, ya que Australia, Nueva Zelanda, &c., también reconocen como reina a Isabel de Inglaterra.

Sin embargo, Kameno reduce su definición de Imperio a la llamada «definición subjetiva de Imperio»: es decir, para Kameno el Imperio es la facultad subjetiva de un individuo que tiene un dominio más o menos limitado, el denominado emperador (que también lo puede ser nominalmente, como sucedía con el artificio del Sacro Imperio). A lo sumo, su definición podría ser objetual, en el sentido de reivindicar un territorio con su limes particular, de quien se le reconoce como gobernante a un individuo (imperator). Faltaría, entre otras que ahora no vamos a enumerar, pues ya están referidas en España frente a Europa, la definición filosófica de Imperio. Es decir: un estado que tiende a reorganizar la política y condicionar la soberanía de otros estados, hasta absorberlos en el límite. Y ese es el papel que realizó durante más de trescientos años España, justo al contrario de lo que dice Kameno, quien señala que fueron precisamente los estados dominados quienes «crearon» España.

Sin embargo, más adelante Kameno acaba reconociendo, no ya que haya una definición filosófica de Imperio, pues su bagaje conceptual es ciertamente limitado, sino que los propios estados dominados reconocían la existencia emic de dicho Imperio. Es el caso de Tomás Campanella, filósofo y agitador en contra del dominio español en Calabria, arrestado en numerosas ocasiones por la Inquisición. Tras comenzar descalificando una de sus obras, la titulada precisamente La Monarquía Hispánica, afirmando de ella que no es más que un conjunto de «sueños milenaristas», señala sin embargo su importancia para el sostenimiento del Imperio:

«Desde el principio, uno de los secretos de su supervivencia [la del imperio] fue su capacidad para apelar a la ayuda de aquellos que aparentemente eran enemigos pero que aprovechaban de mil formas distintas su existencia. Y fue en las filas de sus enemigos donde España encontró uno de sus más ardientes defensores, un oscuro fraile dominico nacido en Calabria, al sur del Nápoles español, llamado Tomás Campanella». Así, el libro de Campanella La monarquía hispánica, el dominico realizaba manifestaciones que "hundían sus raíces en el modo real en que los españoles gestionaban su imperio" [...] "valiéndose de los genoveses en la navegación, de los alemanes para la tecnología y de los italianos en la diplomacia", [...]».(págs. 447 y ss.)

Sin embargo esta referencia demuestra que Kameno no ha leído el libro de Campanella La Monarquía Hispánica. De hecho, lo cita mediante fuentes indirectas, por lo que no tiene ningún derecho a calificarlo hablando ex cathedra y sin establecer juicios y conceptos claros sobre la cuestión. Y más aún cuando, si leemos de primera mano la obra de Campanella, encontramos detalles como los siguientes:

«Con la ayuda de tal monarquía, todos los sometidos al Imperio romano gozaban del derecho y de los privilegios de los ciudadanos romanos y, a su vez, regidos por aquellas únicas y mismas leyes; yendo seguros de un lado a otro reconocieron la ciudad de Roma como patria común.» (Tomás Campanella, La Monarquía Hispánica, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid 1982, pág. 294.)

Es interesante observar, aparte de que este breve fragmento refuta las afirmaciones de Kameno sobre el fraile dominico, cómo en ningún lugar de su libro Campanella utiliza la palabra Imperio, salvo para subordinarla al término Monarquía. Es decir, que Roma sería una monarquía al estilo de España, en el sentido de querer subordinar todos los estados sometidos a unas mismas leyes. Ahora bien, si Campanella no usa la palabra Imperio salvo de modo indirecto, ¿cómo es que Kameno señala que el calabrés habla del Imperio español? Si el historiador inglés ha elegido la vía del formalismo para definir los Imperios realmente existentes, entonces el libro de Campanella no podría ser una apología del Imperio, pues éste nunca se definió como tal, y el dominico habla de una Monarquía Universal. Un nuevo error entre los numerosos que señalan la endeblez de las tesis de Kameno, y la aporía de considerar el Imperio como algo no español.

Asimismo, y como detalle historiográfico, es muy curioso que Kameno se base en el carácter eminentemente popular de la emigración a América, así como su carácter de iniciativa sufragada con fondos privados, para afirmar que la corona no dominaba realmente América (como si la emigración a América no estuviera precisamente controlada por la administración de la corona):

«Ni un solo ejército español fue empleado en la "conquista". Cuando los españoles consolidaron su dominio, lo hicieron mediante los esfuerzos esporádicos de pequeños grupos de aventureros que más tarde la corona trató de someter a su control. Por lo general estos hombres, que asumieron con orgullo el título de "conquistadores", ni siquiera eran soldados. El grupo que capturó al Inca en Cajamarca en 1532 estaba compuesto por artesanos, notarios, comerciantes, marineros, hidalgos y campesinos; pequeño botón de muestra de los inmigrantes americanos y, en cierta medida, reflejo de la propia sociedad peninsular.» (págs. 119-120.)

Sin embargo, esta tesis supone una bancarrota total de Enrique Kameno como historiador, pues si algo destaca en la colonización española en ultramar, fue que los individuos que allí acudieron no lo hicieron motivados por persecuciones religiosas, como sucedió en Inglaterra o Francia, o por deportación, como sucedió en el caso de Portugal o Inglaterra (experta en la creación de colonias penales), sino que se trataba de hombres libres, cuyo interés no era sólo obtener oro, como se dice vulgarmente (al fin y al cabo, todos necesitamos incentivos económicos si nos aventuramos en arriesgadas empresas), sino por engrandecer un estado llamado España, que ya desde la Reconquista no había conocido límites y estaba en plena expansión. Son muchos los autores que recogen este punto de vista, como es el caso de Juan Elliot en La España imperial, o el argentino Ricardo Levene en Las Indias no eran colonias (ed. de Espasa Calpe, Madrid 1973). A nuestro juicio, un autor que pase por alto esta circunstancia única en la Historia (o que la diluya en hipótesis tan extravagantes como disociar a los habitantes de España de la propia administración de la corona), como es el caso de Enrique Kameno, no puede ser considerado ni serio ni riguroso.

Kameno, ¿Qué es España?

Con todo, si la debilidad conceptual de Enrique Kameno es tan evidente cuando habla del Imperio, no se queda atrás el capítulo denominado «Identidades y misión civilizadora», donde el desbarajustes de la obra Imperio crece con cada palabra. Para empezar, Kameno deja bien a las claras, al comienzo del capítulo (pág. 385), que España era completamente distinta del Imperio Romano, modelo de unificación de los distintos pueblos que conquistó. Sin embargo, gracias a esta afirmación de Kameno sabemos ciertamente que nuestro historiador ni siquiera conoce la Historia del Imperio Romano, pues una simple ojeada a la misma nos bastaría para ver cómo los romanos adoptaban las formas de culto de los pueblos a los que iba sometiendo, y al mismo tiempo les permitían desarrollarse como provincias, en el sentido de un Imperio generador. Por ejemplo, los nubios, un pueblo del norte de África, formaban casi la práctica totalidad de las legiones romanas que derrotaron a Anibal, y ninguno de ellos reivindicó la victoria como obra de la nación nubia, simo como victoria de Roma.

Sin embargo, Enrique Kameno, tendente a ignorar el propio título de su libro, comienza nuevamente a especular sobre la nacionalidad (en sentido étnico) de los españoles: «El término "nación" no era nuevo. Había sido utilizado con frecuencia en décadas anteriores para referirse a españoles y a no españoles en cuanto que grupos determinados que vivían fuera de la Península (por ejemplo, los comerciantes que vivían en el extranjero eran agrupados en sus ciudades de residencia bajo el calificativo de "nación"). También se aplicaba a algunas compañías dentro de un ejército, para definir su procedencia y lengua común.» (pág. 385). Así, para el historiador al servicio de la corona británica, todos los relatos que atribuyen a los españoles la gloria del Imperio sería simples obras de propaganda: «Al leer hoy los conmovedores relatos históricos que nos han llegado, resulta fácil olvidar que son, esencialmente, obras de propaganda escritas por castellanos que de una parte se complacían con los logros de sus conciudadanos y de otra estaban deseosos de agradar a su mecenas, que normalmente no era otro (como en el caso de Nebrija) que el propio gobierno.» (pág. 386.)

De este modo, la realidad sería ciertamente desoladora para España, pues ella no existiría ni siquiera en las propias concepciones de los habitantes de la península ibérica:

«El continuo hincapié sobre la realidad de "España" ayudó ciertamente a los pueblos de la Península a tomar conciencia de su propio papel en la construcción del imperio. A partir de la guerra de Granada, todos participaron unidos, por regla general, en las empresas militares que tenían un objetivo común. Pero aunque "España" llegaría a ser una realidad más palpable tanto para los españoles como para extranjeros, hubo muy pocos cambios en la inmediata percepción de la vida cotidiana en la Península, [...] El término "España", por el contrario, continuó siendo un ente abstracto que rara vez penetró hasta el más íntimo nivel local. A principios del siglo XVIII, el monje y erudito asturiano Feijoo afirmó rotundamente: "España es el objeto propio del amor del español." Pero su definición de "España" hacía referencia a poco más que a su entidad como órgano administrativo: "ese órgano de estado en el que, bajo un gobierno civil, estamos unidos por los lazos de las mismas leyes."» (págs. 387-388.)

Asimismo, es notorio que cite, nuevamente por fuentes indirectas, un famoso discurso del Teatro Crítico Universal de Benito Jerónimo Feijoo, titulado «Amor de la patria y pasión nacional», en el que el benedictino afirma que los españoles no son amantes del terruño, por una sencilla razón: España no es una «nación aislada», como supone Kameno en sus fantasías, sino un Imperio que tiene pretensiones de universalidad, y que se ha expandido, ya en el siglo XVIII, por medio mundo, aunque ya en esa época se haya tomado conciencia de sus límites. De este modo, el que esa realidad llamada España sea simplemente una unidad administrativa (¿acaso cualquier estado históricamente dado no es también una unidad administrativa?) al menos garantiza todo lo contrario de lo que defiende Kameno, a saber: un Imperio que está efectivamente unificado, y que así se mantuvo durante más de trescientos años, llegando a expanderse incluso hacia el final de su existencia.

Sin embargo, Kameno vuelve a la carga cuando afirma que el español era un idioma ciertamente poco hablado, a pesar de la pretensión de Nebrija de convertir el español, por medio de su gramática, en «la lengua del Imperio»:

«Pero una gramática sobre la lengua que hablaba cotidianamente, a diferencia del estudio formal de un idioma utilizado por profesionales y hombres de leyes, era algo muy distinto. Ningún otro país europeo había producido por entonces algo así. [...] "Lengua", en este contexto, no se limitaba al vocabulario y la gramática. Implicaba de manera evidente la imposición de una cultura, de unas costumbres y, sobre todo, de una religión a los pueblos sometidos.» (págs. 19-20.)

Como prueba de ello, señala Kameno que los indígenas americanos conservaban sus costumbres y religión, pues según el inglés, «La labor intelectual de una parte de los primeros religiosos en filología y ciencias naturales fue impresionante; [...]» (págs. 173-175). Pero esta labor de creación filológica realizada por los religiosos, como bien sabemos, no se realizó desde el vacío, sino precisamente utilizando el canon de la Gramática de Antonio de Nebrija. Es decir, que la lengua española, en tanto que modelo para componer el quechúa, el guaraní, el nahualt, &c., sí era realmente la lengua del Imperio, una lengua capaz de asimilar al resto y de conformarlas según sus propios cánones.

Asimismo, para continuar hablando de la débil identidad hispana, Kameno apela al argumento que dice que los españoles no cumplen en la práctica las leyes que redactan, con lo que la realidad y la legislación serían dos universos distintos. Podemos decir que eso es cierto hasta un determinado nivel. Pero, si citamos los casos que señala Kameno, como el de la esclavitud, habría que decir que España cumplió mucho mejor sus pretensiones que los ingleses o los franceses, pues éstos en sus colonias mantuvieron la esclavitud hasta bien entrado el siglo XX, y no la abandonaron sino por su escasa rentabilidad (pág. 396). Sin embargo, sí tiene interés contemplar uno de los casos que cita Kameno como prueba de que las leyes en España nunca se cumplieron. Se trata de los judíos, en teoría expulsados, que seguían viviendo en España y desarrollando, «una importante actividad económica, sobre todo por parte de los financieros conversos, que establecieron contactos para la corona y ayudaron a respaldar las expediciones navales y militares a ultramar» (pág. 397). La cuestión es: si estos judíos eran conversos y reconocían la autoridad de la Corona, ¿dónde queda la teoría de Kameno? En nada, pues estos judíos eran tan españoles como los cristianos viejos, aunque esto sea muy complejo de entender para el historiador británico.

Un último caso que señala Kameno nos sirve para cerrar esta interpretación tan extravagante sobre la identidad del Imperio español. Se trata de las reducciones jesuíticas instaladas en la región de Paraguay, que según Kameno no eran propiamente españolas, pues en ella se encontraban religiosos extranjeros de la Compañía (ignorando que su máxima autoridad era el español Antonio Ruiz de Montoya) (págs. 323-326) . Estas misiones, acechadas por los paramilitares portugueses o bandeirantes casi desde su fundación, se vieron en la necesidad de constituir un ejército fuerte, que según Kameno sería obra exclusiva de los monjes jesuitas, que formaron las mejores tropas de América: «En 1697, un contingente de dos mil indios rechazó a los franceses en Buenos Aires; en 1704, un ejército de cuatro mil hombres acompañado de caballos, ganado y un arsenal móvil descendió el Paraná en barcazas con el objetivo de defender la ciudad contra los ingleses; en 1724, expulsaron a los portugueses de Montevideo. Sin la asombrosa pericia de los soldados guaraníes, el poder de España en Sudamérica podría haberse extinguido» (págs. 326-327).

Sin embargo, Kameno, totalmente fuera de sitio, omite que no fueron los jesuitas quienes armaron a los indígenas. En efecto, fueron los miembros de la Compañía instalados en Paraguay, digiridos por Antonio Ruiz de Montoya, quienes se sintieron compelidos a intervenir para protegerse, pero primero se pidió autorización a la corona para instruir a los guaraníes en el manejo de armas. Y dicha instrucción no fue realizada sin más por los monjes jesuitas, equiparándolos graciosamente a los Templarios, sino por veteranos de los Tercios de Flandes que habían recalado en la orden, como fue el caso de Domingo de Torres. En la batalla de Mboreré (1641), las tropas indígenas al servicio de España (y no de la nación guaraní) alcanzaron la victoria sobre los bandeirantes portugueses, comenzando a consolidar las misiones durante más de un siglo» (Bartolomé Bennassar, La América española y la América portuguesa, Sarpe, Barcelona 1985, págs. 178-179.)

Entonces, lo que se aprecia cuando se contemplan los datos de Kameno bajo una nueva luz, es que los guaraníes eran ciudadanos del nuevo Imperio Romano, es decir, España, pues ellos también participaron en las guerras de afirmación y conquista, como los hispanos, los nubios, los helenos, los germanos, &c., participaron en las guerras de conquista del Imperio Romano, insertados en sus legiones. Luego la identidad de aquellos territorios que los propios ingleses denominaban como Hispanoamérica, no puede ser discutida en base a argumentaciones tan pobres como la que nos presenta Kameno. Argumentaciones que por otro lado adolecen del mito de la identidad cultural, es decir, la creencia en comunidades indígenas que vivieron, a pesar del proceso civilizador de América, al margen de los españoles, y sin ver alterada su propia existencia.

El final del Imperio

La última parte de la obra Imperio se centra en lo sucedido en España tras la victoria de Felipe V en la Guerra de Sucesión provocada por el fallecimiento de Carlos II sin descendencia. Es decir, en la nueva administración, la Casa de Borbón-Anjou, que ocupó el trono hispano desde entonces. Sería esta la última etapa del imperio pero, como es constante en España, según Kameno, esta administración no variaría en su carácter de «extranjera». Serían esta vez los franceses los que «ayudarían» a España a realizar su papel imperial, expandiéndose por Norteamérica, y llevándoles a aceptar que dos «científicos» suyos, como el geógrafo Jorge Juan y el botánico Juan de Ulloa, en una expedición por el Pacífico y América del Sur, que sería fructuosa para la ciencia española, hasta entonces muy acongojada (págs. 503 y ss.).

Sin embargo, Kameno olvida intencionadamente que los estudios sobre botánica, aunque abortados de forma abrupta, fueron realizados por José de Acosta en el siglo XVI, ya que son citados en su propio libro (pág. 175), autor ciertamente conocido en aquella época, como señalan diversos autores (Feijoo, Humboldt). Pero Kameno, empeñado en sus extravagancias, camina por senderos tan sorprendentes y maravillados, que se siente como un pionero de los que, en la época dorada del Imperio, se embarcaban en aventuras por medio mundo. Cabe preguntarse si es pionero de algo realmente serio, o simplemente pionero en la extravagancia, sobre todo al contemplar sus conclusiones, ciertamente paradigmáticas de lo que supone su libro.

Un ejemplo de éstas lo proporcionan las siguientes afirmaciones sobre el derecho de conquista y las controversias del Derecho Indiano:

«Otros, como el teórico de la política Francisco de Vitoria o como Felipe II, tendían a pensar, empero, que el imperio era una comunidad de naciones en la que los pueblos sometidos mantenían sus derechos y propiedades siempre y cuando no lo perdieran por rebelión». Asimismo, este fervor «les llevó a desarrollar diversas ideas que desde entonces se consideran como una contribución pionera a la teoría del derecho internacional. Su importante obra, transmitida en parte a través de los bien conocidos trabajos de Las Casas, ha sido a menudo interpretada de un modo que invierte por completo la cruda realidad de lo que ocurrió durante el período imperial. A algunos profesores, misioneros y administradores les preocupaba, en efecto, que el imperio español actuara de acuerdo con normas éticas y europeas.» (págs. 562-563.)

Estas afirmaciones demuestran primeramente tres cosas: 1) Que Kameno no ha leído a Vitoria. 2) Que desconoce lo que son las normas éticas, y su situación, pues el Imperio es un problema eminentemente político. 3) Que menos aún sabe lo que es «Europa», concepto puramente geográfico a decir de Bismarck. Y sobre todo, demuestran que tampoco conoce las obras de Ginés de Sepúlveda, a quien cita apenas dos ocasiones para decir que el hombre más culto de su tiempo se dedicaba a ensalzar artificialmente el Imperio. Creemos necesario, ante esta distorsión evidente que realiza Enrique Kameno, señalar el punto de vista de Pedro Insua en su artículo de El Catoblepas, «Quiasmo sobre "Salamanca y el Nuevo Mundo"» como mucho más acertado para analizar esta temática.

No menos destacable es la afirmación de Kameno cuando señala de los españoles «su fracaso a la hora de comprender realmente el modo de pensar de los pueblos sometidos» (pág. 575). Pero esto vuelve a ser una muestra de relativismo cultural, ya que nadie, ni siquiera Kameno, es capaz de comprender lo que realmente piensan otros. Lo que se puede realizar es comprender a los demás desde nuestra perspectiva, cosa que por ejemplo no podían realizar los indígenas precolombinos con España, carentes siquiera de un estado y una administración mínima en la mayoría de los casos. Sin embargo, Kameno, bajo su acentuado espíritu de contradicción señala que los españoles no predicaron ninguna superioridad cultural, a diferencia de los griegos o romanos. Y que, cuando el Imperio estaba a punto de quebrar, «intentaron desesperadamente aferrarse a la idea de que existía una gran unidad cultural –lo que más tarde los políticos llamarían "Hispanidad"– que ligaba a todos los pueblos de la comunidad imperial» [...] «encontró poca aceptación entre las elites americanas» (págs. 578-579).

Pero esta perspectiva vuelve a revelarse completamente falsa y unilateral. De hecho, si no existieran tales sujeciones, no se hubiera producido la guerra civil fratricida que se produjo en América para lograr la independencia, que no se consumó hasta 1824. Asimismo, los propios ingleses, lejos de ver América como algo distinto a España, hablaban para designar esos territorios como Hispanoamérica, lo que dice muy claramente que esa unidad cultural era percibida desde fuera. Pero Kameno, obcecado en ayudar a sus amos ingleses a conseguir adueñarse de Hispanoamérica, comienza a lamentarse de forma quejumbrosa que una junta de las formadas en la península para expulsar a Napoleón de España, en 1810 «no reconocía ningún derecho de los territorios de ultramar a la autonomía» (pág. 579). Sin embargo, no menor es el escándalo que se suscita en el birmano Kameno al leer que declararon que los territorios americanos no eran colonias, como bien afirma el argentino Ricardo Levene. ¿Por qué quejarse de ver inferioridad cultural en España, si los consideraba territorios suyos?

Y, finalmente, reseñar una frase genérica de Kameno acerca de la mitología sobre el Imperio: «Cuando un imperio llega a su fin, se le considera habitualmente como la causa de todos los males residuales. Retrospectivamente, ningún imperio, en ninguna época, ha sido visto como un éxito. Es esta aguda conciencia de fracaso la que, por desgracia, ayuda a crear interminables mitologías asociadas con la historia del dominio universal de España» (págs. 580-581). Hemos de decir que estamos de acuerdo con esta apreciación. Sobre todo porque esas mitologías no son sólo creadas desde los propios hacedores del Imperio, sino también por sus enemigos, como es el caso de la Leyenda Negra, a la que por cierto Kameno se adscribe sin dudarlo, convirtiendo su relato en una simple readaptación de la citada leyenda, para solaz y goce de sus compatriotas ingleses y de separatistas españoles.
////
Fuente:
www.nodulo.org/ec/2003/n022p24.htm

Sobran las palabras verdad amigos?

::44:: Publicado por: Andaya a las Septiembre 17, 2007 04:32 PM

Esta sí que es muy buena:

"Las citas catalanas son un claro ejemplo de como los catalanes en esa época conocían su pertenencia a un estado, el español que se estaba gestando en esa época."

O sea, que ellos sin saberlo, sin concepto de estado moderno, sin rendirse pleitesía los unos a los otros, pero ya veían que iban a pertenecer a un estado llamado España... en fin, si es que tenían unos videntes...

A ver, unas cuantas cosas. Los reyes españoles de la edad media eran reyes de sus reinos, como lo eran los demás reyes de Europa. Se casaban entre ellos, establecían alianzas, compartían intereses, pero eran reinos independientes los unos de los otros. Es por eso que se desarrollaron las diferentes lenguas romances, porque los territorios estaban administrativamente separados. Los reyes de Aragón se casaban más a menudo con nobles de reinos de la moderna Francia y hasta de Hungría (Provença, el Llengadoc) que con nobles castellanas. Si miras la genealogía de los reyes de Aragón y de Castilla (especialmente en el primer caso) verás que se casaban con mujeres nobles de muchos sitios de Europa. Los matrimonios reales son un signo bastante relevante de las relaciones políticas que mantenían con los demás reinos, y dejan claro que en el caso Español no había ningúna relación de privilegio (hasta los trastámara) entre los diferentes reinos peninsulares una vez establecidas las primeras alianzas (Castilla y Leon por un lado y el reino de Aragón por el otro).

El concepto de estado es bastante más reciente que todo ello, y proviene directamente del absolutismo francés a finales del XVII. De ahí deriva el concepto moderno de estado. En españa el absolutismo entró con Felipe V, pero no se acabó de desarrollar hasta el siglo XIX cuando se hizo la uniformización territorial del país (creación de provincias), el rey dejó de ser rey de las difernetes coronas que conformaban "las Españas" y, de manera oficial, pasó a ser rey de España.

::45:: Publicado por: jj a las Septiembre 17, 2007 05:45 PM

Jotasw, Ud- es más cutre de lo que parecía. Poga, ¿no se cansa de hacer el paleto?.

Desde luego, menos mal que los catalanes antiguos no eran como ud., porque si no, no gabrían existido ninguno.

¡Cuanta sabidaduria!

Que pasen los Kas.

::46:: Publicado por: ïes a las Septiembre 17, 2007 06:25 PM

Unas primeras notas sobre el texto del señor Andaya.

- Sobre el texto de Marías. Pues va a ser que no, que esos señores no eran españoles, sino que eran súbditos de su majestad, que son cosas muy diferentes. En Nápoles, por ejemplo, hablan italiano, no castellano o catalán, y el hecho de que estuviese ligado a la corona de Aragón durante cerca de 5 siglos (mucho más de lo que lleva formando parte de Italia) no parece que a los napolitanos les quite el sueño ni se sientan vinculados a España. La conquista de las américas fue llevada, hasta finales del XVIII en exclusiva por los castellanos, pues era el reino de Castilla el que tenía los derechos de explotación, no "España". Es otro ejemplo de que ni ellos mismos eran "españoles" desde un punto de vista jurídico, sino castellanos, aragoneses, catalanes, valencianos, napolitanos, sicilianos, flamencos, etc. Y sólo los nacidos en Castilla tenían el privilegio de comerciar con las américas.

- Sobre el primer párrafo de la crítica a Kamen, decir que se trata de un ataque personal al autor. Comienza ridiculizando su nombre, escribiéndolo en castellano para dar a entender lo poco adecuado que es un inglés para hablar de nuestras cosas y acaba llamándole parásito y escribir (por encargo del CSIC, que por cierto es una institución estatal, no catalana) a golpe de subvención. Es una muy mala manera de comenzar una crítica de un libro, la verdad, y dice mucho más del autor de la crítica que del autor del libro.

- Dice "Es decir, que Kamen viene a señalar, como tesis principal, que no fue España quien creó su Imperio". Es una interpretación tendenciosa. Lo que dice Kamen es que no fue SOLO España quien creó su imperio. La participación de otras gentes venidas de otras zonas de europa y de la propia américa también fue significativa. Son cosas muy diferentes. Por otro lado, su teoría de que fue el imperio el que creó la España moderna también tiene todo el sentido, como también se puede decir del Reino Unido, por ejemplo, que tiene un caso similar donde el imperio acaba vertebrando el país. El descubrimiento de las américas cambia de manera tan radical a media Europa (en particular España) que utilizamos el descubrimiento de américa como fecha frontera entre la edad media y la edad moderna.

- El siguiente párrafo es una especie de juego de palabras del tipo "¿Cómo se puede llamar imperio español si no lo creo españa?". Es de una simpleza que deja en muy mal lugar al tipo ese. Para empezar, el imperio español nunca se ha llamado imperio español. Eso son terminologías modernas. En su momento fueron las "posesiones de ultramar", las "américas", el "nuevo mundo" y otros términos parecidos. El concepto de imperio moderno aparece en el siglo XIX. Los USA nunca pertenecieron a ningún imperio británico, ni veréis referencias a esos términos más que en épocas mucho más modernas. Para continuar, la génesis de estos imperios tiene un algo de fortuito (desde su mismo descubrimiento casual hasta las conquistas realizadas de manera quasipersonal y al margen de la legalidad en el caso de Mexico y el Perú - tanto Pizarro como Cortés fueron declarados reveldes a la corona) y tanto se hace el imperio al país como el país al imperio. Kamen sólo refuerza esa idea. El único punto de apoyo de toda esta historia es el Rey. Es el único nexo de unión entre todos los partícipes: son súbditos del rey.

- También dice "Incluso señala, con cierto anacronismo, que la propia España era un «estado no unificado» y no existía como tal" ¿Desde cuándo se trata de una teoría anacrónica la que dice que España no ha sido siempre España? Yo más bien asocio a un anacronismo la visión franquista de España, mucho más parecida a la que tiene el autor de la crítica... pero bueno...

No sigo más porque la verdad, el nivel es muy bajo y queda mucho por leer. Sólo decir dos cosillas.

Primero, que este tipo no tiene precisamente mucho que aportar, recurre al ataque personal, a la desaprobación de las teorías de Kamen sin explicar en qué este señor está equivocado, al negar al señor Kamen soltando el dogma oficial sin fundamentarlo, a los juegos de palabras y sofismas para intentar dar la impresión de que el señor Kamen no tiene razón, y a varios textos de Marías, que es filófoso, pero creo que no es historiador.

Y en segundo lugar, ¿Quién coño es este tipo? He mirado en internet y aparte de escribir en una revista no he encontrado nada más. Por lo que he visto, se trata de un filósofo de 31 años, vamos un experto estudioso de la historia con gran bagaje de estudio y publicaciones historiográficas que acreditan su reputación (es irónico, por si no lo pillan). Kamen, además una entrada en la wikipedia, tiene un montón de información en Internet. Para ser un tipo que no se come una rosca fuera de España porque es donde le tienen subvencionado los nacionalistas, da mucho de sí el tipo. Por cierto, que trabaja para el CSIC, que es "es el mayor Organismo Público de Investigación de España. Adscrito al Ministerio de Educación y Ciencia" según nos cuenta la wikipedia. No es poco estar trabajando para estos señores...

::47:: Publicado por: jj a las Septiembre 17, 2007 06:28 PM

el Sr.Kamen contradice a los 6000 autores entre los que estan todas las grandes figuras de la Historografia española y extrangera sobre el imperio español.Aqui tenemos un birmano bien atrevido que esta dispuesto en su vejez a vivir en la soleada barcelona a costa de los paletos españoles apadrinado por los separatistas catalanes diciendo sandeces al margen de la historografia de gigantes como Albornoz M.pidal Vicens vives eliott,Dominguez Ortiz Ballesteros Baretta,el padre Mariana.etc etc.Tiene que venir un Birmano a descubrirnos que no existio el imperio español la cultura española y que todo es matrix una historia virtual.
Yo no insulte ni agredi en mi vida a nadie.pero muchos aficionados novatos a la historia pueden sentir su buena fe sorprendida por este sujeto y hay que avisarles de que es un aficionado que sigue la moda de epatar como ese profesor(que bella palabra ensuciada)de extremadura que dice que no existio la invasion musulmana de España.Son gentes que se aburren con los datos reales y quieren tener su momento de gloria confundiendo descubrimientos originales con bobadas.Podemos difereir de las interpretaciones pero no negar los datos objetivos porque eso es ignorancia o mala fe gobeliana y el sr.Kamen cuando se le oye provoca en los que sabemos algo de Historia una indignacion que convierte en agresivo al mas pacifico.Es una verguenza yo soy abogado y se por experiencia que cualquier cosa puede tener argumentos a favor.Y sino negar los hechos.Este sujeto niega los hechos que es la unica defensa que tiene el desgraciado sorprendido in fraganti en blasfemias historicas.Y mal quedan los que lo defienden si se identifican con sus afirmaciones.Solo se puede defender por obligacion en el turno de oficio historico si lo hubiere por puro tramite porque con un buen Tribunal le corresponderia la maxima pena.

::48:: Publicado por: Epox a las Septiembre 17, 2007 07:10 PM

JJ Estando Elliot, ¿para qué sirve Kamen?. Pues para nada.
Ya se desataron duras criticas, pese al visto bueno de Elorza profesor de pensamiento politico de la Complutense, sobre su libro biografico de Felipe II, como la de Rafael Gonzalez Balderas o las de Elliot, que lo consideraba "fuera de toda objetividad histórica". Y además era un libro incapaz de superar al de M.J. Rodriguez Salgado (Felipe II, el paladin de la cristiandad).
Pero es que hay más. Kamen en su Imperio, demostró no tener los minimos conocimientos de historia medieval. Y no solo hispánica, sino también europea. Afirmaciones como que España era un pais pobre en el siglo XV son una majaderia y, que si forjó un Imperio fue debido a un milagro es una boutade (estas afirmaciones las hizo en un periódico, no en el libro, si no recuerdo mal).
Mercenarios o no, muchos "extranjeros" que sirvieron a sus Católicas Majestades lo hicieron por qué era su señor natural. Que eso parece no entenderlo Kamen; en la Edad Media y buena parte de la Edad Moderna, los europeos eran más europeos que ahora. Iban y venían por toda Europa, sirviendo al mismo señor.
Joder, Kamen no ha descubierto nada al decir que los ejércitos imperiales estaban compuestos por tercios de valones, suizos, alemanes, irlandeses, italianos o franceses y que los tercios viejos españoles eran apenas el 15% del ejército imperial. Olvida, sin embargo, que los contemporaneos no consideraban la batalla decidida hasta que no rompían los cuadros de los tercios españoles.
En fin, no niego que Kamen quiere provocar y que ha hecho mucho por destruir la leyenda negra, pero lleva mucho tiempo sin escribir un libro de, lo que se podría llamar, historia profesional (vamos, de esos con media página llena de citas archivisticas y bibliograficas, un corpus bibliografico de tropecientas páginas, etc).

::49:: Publicado por: Epox a las Septiembre 17, 2007 07:13 PM

¿Los reyes de Aragón se casaban más a menudo con nobles de reinos de la moderna Francia?

Dime, esas reinas, que yo de todas las reinas desde la unión de Aragón y Cataluña sólo sé de dos francesas (María de Montpellier y Violante de Bar), y me sé de muchas más reinas castellanas. Tas es así, que al final gobernó la dinastía de los Trastamara que es castellana.

::50:: Publicado por: URL a las Septiembre 17, 2007 07:16 PM

Que si Andaya, que todos sabemos hacer cortar y pegar, no es una azaña...

Hay gente que usa los links...

::51:: Publicado por: LIBERTY a las Septiembre 17, 2007 07:17 PM

Hmmm.

Me sigo quedando con los comentarios de URL.

España y cualquier nación (grande o pequeña) es y ha sido un sujeto cambiante como cualquier otro país, si alguno no lo entiende, pues allá él. Es un proceso, y eso lo ha entendido Pérez Reverte. Anteayer un concepto geográfico, después algo bajo dominios de un rey, etc., hoy es un país-nación, dentro de un siglo veremos. En los siglos XVI, XV, XVI los ingleses sí tenían muy claro lo que era España. Hay hasta un libro del XV que se llama antiespañol (Orange), ¿sin existir los españoles?

Si empezamos, Inglaterra ni el imperio inglés han existido (eso no se lo leerán a Kamen), Alemania tampoco, ni Italia, ni siquiera Francia, y por supuesto tampoco las entes que los constituyen (y el que se pique ajos come). Todos son inventos.

A mi lo que más me molesta de Kamen es lo faltón qué es y me parece un antiespañol clarísimo. La culpa es nuestra por hacerle caso y pagarle las gracias.

Como URL dice pocos países hay donde los extranjeros son los "entendidos" de la historia del pais. Nos falta madurez.

Por cierto, Kamen defiende que Gibraltar no es una colonia, pero Ceuta y Melilla si, por si alguien no tiene claro la objetividad de este sujeto.

//es.wikipedia.org/wiki/De_Hispania_a_España

Salu2.

::52:: Publicado por: Borat a las Septiembre 17, 2007 07:17 PM

JJ no te inventes la historia según tus prejuicios o tus deseos de como debería de haber sido

::53:: Publicado por: URL a las Septiembre 17, 2007 07:18 PM

Añado Epox a la lista.

Hay científicos que también se han vendido a petroleras para negar el cambio climálico, eso no quitan que sean 5, y tengan a millones en su contra. Eso sí, el seguimiento mediático de los primeros es mayor (mucha multinacional con mucha pasta) y hasta parecen en igual de condiciones con los científicos reales, eso no quitan que sean unos estafadores con el bolsillo agradecido y que vayan en contra de toda una comunidad científica.

Esto es lo que le pasa a Kamen.

::54:: Publicado por: Borat a las Septiembre 17, 2007 07:25 PM

Borat URL os queremos!

Salud!

::55:: Publicado por: Nihuan a las Septiembre 17, 2007 07:32 PM

No seas ridículo, Borat, hay muchísima más pasta para dar el aprobado a la teoría del calentamiento global por motivos antropogénicos que para lo contrario. Por ponerte un ejemplo, un biólogo que conozco me comentó que hace años, cuando quería pasta del Estado para un estudio, lo titulaba, pongamos por caso, "Biodiversidad en el bosque de X y lluvia ácida" y ahora lo que hace es titularlo "Biodiversidad en el bosque de X y cambio climático".

Y no hay ni puede haber millones en contra, más que nada porque los climatólogos (y más aún los buenos) no son mucho.

Deberías recordar que el "consenso científico" que Al Gore asegura que existe no es más que un consenso político, pues las conclusiones del IPCC las deciden delegados políticos de cada uno de los países de la ONU.

::56:: Publicado por: Daniel Rodríguez Herrera a las Septiembre 18, 2007 01:00 AM

Algún historiador sí ha rebatido a Enrique Kameno. A José Antonio Vaca de Osma le bastaron dos frases:

"Ya en el subtítulo de la obra [Imperio], Henry Kamen se contradice: «La forja de España como potencia mundial». ¿No quedábamos en que España no existía?"

www.alfayomega.es/estatico/anteriores/alfayomega398/desdelafe/reportaje2.htm

Lo bueno, si breve, dos veces bueno, como dijo algún escritor español :).

::57:: Publicado por: Aspergón a las Septiembre 18, 2007 08:31 AM

Daniel, dale un saludo a tu amigo biologo, que continue con el buen trabajo.

No me tires de la lengua sobre Al Gore, menudo listo.

Salu2.

::58:: Publicado por: Borat a las Septiembre 18, 2007 06:39 PM