Reproducimos a continuación dos interesantes artículos sobre el uso de los símbolos de nuestro país. El primero, lo firmaba ayer Emiliano Jiménez y lo traducimos de e-notícies. El segundo, de David Gistau, lo publicó El Mundo el pasado 7/2/2007.
LA INMORALIDAD DEL HIMNO ESPAÑOL - Emiliano JiménezPublicado por Órdago a las Febrero 9, 2007 10:55 AMAlgo falla en las izquierdas españolas cuando se sienten molestas por el hecho que unos ciudadanos, en un acto público no institucional, lleven banderas de su país y escuchen su propio himno nacional. Una cosa normal en cualquier país del mundo occidental. Una cosa muy habitual en Cataluña, donde no es extraño poner señeras en todas partes en las manifestaciones o tocar el himno de Los Segadores.
La falsedad de afirmar que esto viola el decreto que regula el uso del himno nacional español es una cuestión menor. El decreto de 1997 -aprobado por el Gobierno del PP- sólo indica cuándo se debe tocar obligatoriamente el himno español. Una regulación similar a la que han hecho las diferentes comunidades autónomas. Que una cosa sea obligada en ciertas ocasiones no quiere decir que esté prohibida en otras. Por ejemplo, la ley obliga a traer casco a los que van en moto, pero esto no quiere decir que no puedan llevar el casco una vez se bajan de la moto.
Curiosamente, en la manifestación anterior -la organizada por las izquierdas- había muchas más banderas de Ecuador que de España. Parece como si ciertas izquierdas creyeran que la bandera y el himno de España son una cosa fea y asquerosa. Quizás esto explica por qué sienten tantas simpatías por los nacionalistas que creen que estos símbolos no son los suyos.
BANDERAS - David GistauA los manifestantes del pasado sábado se les acusó de portar, no ya la bandera española, sino incluso abrigos de visón que propagaban cierto aroma culpable a barrio de Salamanca. Aun sin el aguilucho, los ingredientes parecían los adecuados para que la propaganda progresista forzara un retrato reductor de la increíble muchedumbre menguante como el típico material humano del que hay que preservarse con un cordón sanitario. Algo así como los últimos zombis de la España más rancia reclamando que les sea devuelto el cortijo arrebatado por la Transición.
Esta imagen buscada en vano tendría que haberla favorecido la interiorización colectiva de un discurso sobre el cual Jiménez Losantos lleva toda la semana escribiendo. Ése que impusieron los intelectuales de la periferia aprovechándose de que, en el post-franquismo, España tenía complejo de culpa y que por definición relaciona la bandera española con el facherío y con la caricatura en plan Manolo el del Bombo. Y que por lo tanto la obliga a replegarse, a ser denostada como a todo aquello que no es cool: polvo y moscas. Mientras que las banderas nacionalistas, incluso cuando estimulan patriotismos desaforados de mano al pecho, incluso cuando sirven de coartada a duros regímenes de vocación totalitaria y excluyente, siempre se beneficiarán de una aprobación progresista que favorece, sin que nadie repare en la pérdida de los principios liberales, si es que los hubo, los pactos de poder con la izquierda. Determinado todo como todavía lo está por la obsesión franquista a la que aún no ha salido una generación inmune, Pérez-Carod, atornillado a su boina y De Juana Chaos, metiendo tripa como Victor Mature, son cool. Mientras que la señora del barrio de Salamanca, con su banderita, le pegó el tiro a Lorca y además es una casposa.
Así las cosas, al PSOE no debería haberle molestado que los manifestantes del pasado sábado se empapelaran con el símbolo nacional. Al contrario. Si las manifestaciones de la gente bien y pacifista, de los nuevos hombres alumbrados por el Régimen y protegidos por un cordón sanitario, son aquéllas en las que hay banderas republicanas y pañuelos palestinos en vez de visones y banderas constitucionales, los manifestantes del sábado se habrían definido ellos mismos como antigualla cavernaria. Pero algo ocurrió el sábado que asusta al PSOE. La bandera española renació, lavada su imagen, renovado su contenido, como símbolo que no carga con culpas ni vergüenza, y que es tan colectivo que incluso abarca a una izquierda, la de Rosa Díez, que se resiste tanto a la abducción nacionalista como al trapicheo con ETA. Una nueva España, acaso. Que no controla 'Zetapé', que ha adquirido conciencia de sí contra Zetapé. Esto no lo vieron venir y no saben ahora cómo desactivarlo.
Muy acertado David Gistau.
¿Pronto veremos una izquierda española?
... Y Emiliano Jimenez.
Lo que mas daño ha hecho al nacionalismo español es el franquismo y su nacionalismo obligado (que ahora se practica en ciertas partes de nuestra geografía).
Eso es algo que solo se ve en España y de lo que se llevan beneficiando los nacionalismos (algunos con un discurso similar al de Haider). Digo yo, que ya va siendo hora (tras 30 años) de una izquierda patriota como en el resto del mundo.