¿Pagarán los socialistas la factura del apagón, del AVE y del caos de las infraestucturas con el castigo de la indiferencia política de una cuarta parte de su electorado en Cataluña?
Este podría ser el sesultado si se cumplieran -una encuesta no es, conviene recordarlo, no obstante nada más que eso, una encuesta- las previsiones de los datos del barómetro de enero del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalidad de Cataluña, según los cuales el PSC cae diez puntos (de 37'3, en noviembre, a 27'1) en la intención de voto.
En la presentación de estos datos, basados en 2.000 encuestas realizadas por el Instituto Opina entre el 21 y el 30 de enero, el director del CEO, Gabriel Colomé, atribuyó «el peor resultado» del PSC en intención de voto en los últimos cuatro años -casi tres puntos menos que los resultados (29,9%) obtenidos en los anteriores comicios- al hecho de que «los indecisos» que en aquella ocasión votaron a los socialistas «vuelven a la indecisión».
Es decir, una gran parte de los abstencionistas de izquierdas, que se movilizaron tras el brutal atentado del 11-M, no piensan acudir a las urnas el próximo día 9 de marzo para castigar la gestión del Gobierno de Zapatero y del tripartito de Montilla en el caos de Cercanías y de la llegada del AVE a Barcelona, entre otras crisis.
El director del CEO anunció que la semana que viene presentará un estudio sobre la estimación del nivel de participación de los catalanes en las generales.
El sondeo registra también otros datos de interés.
El resto de los partidos catalanes registran también un ligero descenso, excepto el PP, que sube tres décimas en intención de voto para situarse en el 5,3 por ciento. No obstante, los populares tienen «un voto oculto histórico» en Cataluña que podría hacerle superar los resultados (11,8%) que logró en los anteriores comicios.
CiU desciende sólo cuatro décimas en intención de voto, al obtener el 11,6 por ciento, aunque la federación nacionalista está ahora cuatro puntos por debajo del porcentaje de votos (15,7%) obtenido en 2004.
ICV pierde siete décimas y se queda en el 3,7 por ciento en intención de voto, mientras que ERC baja un punto y medio respecto al barómetro de noviembre (7,6%), lo que significa que los republicanos pierden la fidelidad de la mitad del electorado que les apoyó en las pasadas generales.
Paradójicamente, el auge del independetismo es uno de los datos más destacados del sondeo de la Generalitad. El mensaje soberanista ha calado en algunos colectivos de jóvenes desencantados e indignados tras la interrupción, por espacio de dos meses, del servicio de Cercanías de Renfe.
Uno de cada cinco encuestados (19,4%) apoya ahora la independencia de Cataluña, lo que supone dos puntos más que en el barómetro anterior (17,3%). Además, los federalistas, los partidarios de un Estado catalán dentro de una España federal (36,4%) superan, por primera vez, a los autonomistas, los que defienden que Cataluña sea una comunidad (34,8%). Tan sólo un 3,8 por ciento de catalanes cree que debería de ser una región de España.