Ayer terminó la Feria del Libro de Francfort, en la que ha participado Cataluña como cultura invitada. Invitada pero pagando. La broma ha costado "sólo" 20 millones de euros (unos 3.300 millones de las antiguas pesetas), la mayor parte de los cuales (12 millones de euros) han sido aportados por el Estado.
Pero la cuestión del coste no ha sido el único motivo de polémica en torno al evento. Como todo el mundo sabe, a Francfort no ha ido la "cultura catalana", sino sólo una parte de ésta, con exclusión de la que se expresa en castellano o español.
Y es que los responsables del montaje -el catalanismo más radical y revenido- se propusieron hacer política en la ciudad alemana, y no cultura, como han podido apreciar los observadores más desapasionados y como han manifestado los organizadores germanos, confundidos por las actitudes y declaraciones extemporáneas de los políticos nacionalistas y sus acólitos, de Carod-Rovira a Laporta.
Satisfechos con la experiencia, ahora el nacionalismo catalán se apresta para abordar otras metas, como la participación en la próxima edición del Book Expo (la gran feria editorial norteamericana) o su presencia con pabellón independiente del español en la Bienal de Venecia.
¡Ah! Y pagando "el Estado", por supuesto.