Dice así:
"Marcel Proust triunfaba ruidosamente en los hoteles mientras García Lorca esperaba su piadoso fusilamiento en las afueras de Granada y Ortega se retiraba de una República revolucionaria y desmandada para salvarse en Europa haciendo un largo viaje a la derecha mientras los intelectuales de Hitler, como Jünger, convalecían en los hospitales madrileños. Después de la Gran Guerra, Proust había vuelto al mundo de Guermantes y Ortega se había reencontrado con el pueblo madrileño, castizo como él, fumador de boquilla y muy distanciado de los intelectuales de Franco. Los intelectuales eran la inmensa minoría de Juan Ramón Jiménez y Ratzinger estudiaba para papa como se hacen unas oposiciones. Un tal González trajo el nuevo socialismo que duró poco." (Umbral, en el "Atrio", de Amado siglo XX, 2007).