El presidente francés parece tener las ideas muy claras. Ayer apostó por hacer "tabla rasa" en la educación francesa para imponer -dijo-"valores", "jerarquías" y "autoexigencia".
Como prólogo a las reformas que irán abordándose a lo largo de los próximos meses, Sarkozy hizo pública y dirigió por correo personal una carta a los 850.000 maestros y profesores de Francia.
El escrito -de 32 páginas- intenta explicar por lo menudo su ambición de "refundar la enseñanza nacional".
A juicio del presidente francés, la misión capital de la escuela es la formación de ciudadanos libres y responsables, liberándolos de la irresponsabilidad del relativismo moral.
El valor esencial de la escuela francesa debe ser, en opinión de Sarkozy, "la transmisión de los valores de la identidad nacional". Subrayó: "nuestros hijos no serán jamás ciudadanos del mundo si no somos capaces de hacerlos antes ciudadanos franceses y europeos".
Además, sobre la filosofía que quiere implantar declara: "No se educa a un niño dejándole creer que todo está permitido, que tiene todos los derechos y ningún deber. Es preciso enseñarle una jerarquía de valores".
Partidario del aprendizaje "de memoria", Sarkozy valora la "autoexigencia" de alumnos y profesores.
La cultura general, opina el presidente, debe estar en el corazón del nuevo proyecto educativo nacional: menos especialización prematura, y más sólida formación cultural básica. Más lengua, literatura y arte, para quienes vayan a seguir estudios técnicos y científicos. Y más ciencia y tecnología para quienes proyecten seguir estudios literarios o artísticos. "Nuestros estudiantes necesitan al mismo tiempo más humanismo y más ciencia", concluye Sarkozy.
Todo un programa regeneracionista que bien podría ser tenido en cuenta en estas latitudes.