Agosto 29, 2007

Nos deja Umbral

Publicado a las Agosto 29, 2007 11:44 PM

La muerte de Francisco Umbral deja huérfana a la literatura de habla hispana. ¿Qué decir de él en este momento? Las palabras de este sencillo observador -verdadero flâneur del acontecer cotidiano- no harían justicia a los méritos del autor de Las ninfas y de Amado siglo XX. Así que opto por sumergirme en su prosa y guardar silencio, dejando mera constancia de su desaparición, y recogiendo aquí el artículo que le ha dedicado hoy Pedro J. Ramírez en El Mundo de hoy -que le dedica un amplio dossier-, y con el cual el diario inicia una colaboración en la que participarán cien periodistas y escritores que sucesivamente ocuparán una columna en la última página del diario en el lugar donde se asomaba diariamente Umbral.


EN LA COLUMNA DE UMBRAL / 1

Las uvas doradas

PEDRO J. RAMIREZ

«Iba yo a comprar el pan y me enteré de que se había muerto Umbral». Así lo habría contado él mismo en la etapa en que todos empezamos a admirarlo como el escritor más original y sugestivo que firmaba en los periódicos.

Desde que diera el salto de El País a Diario 16 yo he sido su director durante más de 20 años. Qué digo, su director... Yo he sido, y a mucha honra, su «señorito». Fueron tantas las columnas llenas de referencias a lo que él llamaba «este papel», a las personas que lo hacemos y, en especial, a su director que, ya he dicho más de una vez, que uno de mis mayores estímulos era intentar parecerme a ese personaje sobre el que escribía, o más bien fantaseaba, Umbral.

En todo caso, El Mundo siempre será recordado como el periódico que le tuvo entre sus fundadores y como el periódico en el que escribió más columnas. Lo ha hecho diariamente durante nuestros casi 18 años de vida sin más interrupción que las vacaciones de verano, las crisis más agudas de su enfermedad y una divertida infidelidad de rápida ida y vuelta. Cualquiera diría que ha querido esperar a que alcanzáramos la mayoría de edad para dejarnos solos.

Umbral se sentía tan orgulloso de El Mundo como nosotros de tenerle a bordo. Su determinación a unirse a lo que entonces parecía una incierta aventura fue uno de los principales impulsos que recibimos en aquel verano del 89 en el que lo único que teníamos era la cabeza llena de ilusiones.

Desde el primer día fue una de nuestras señas de identidad y uno de los pilares más firmes del compromiso del periódico con la sociedad. Investigación tras investigación, crisis tras crisis, confrontación con el poder tras confrontación con el poder, la pluma de Umbral siempre nos ha acompañado dando envergadura y dimensión a nuestros logros, empequeñeciendo hasta el apócope a los adversarios que trataban de destruirnos.

Los lectores de varias generaciones saben que Umbral ha sido el mejor escritor de periódicos contemporáneo. Probablemente el mejor de la historia del periodismo en lengua castellana.

Provocador, iconoclasta, tierno y cruel al mismo tiempo, descomunal en su grandeza aunque lúcidamente autodestructivo de su propio mito, Umbral deja una inmensa obra literaria pero sobre todo una estela luminosa que nunca cesará de brillar mientras exista la prensa escrita con sus esculturas tipográficas a base de alineaciones en forma de columnas.

Nunca podremos publicar la última columna que intentó dictar porque la sonda que trababa sus labios y el delirio que se apoderaba de su mente lo impidieron. Podemos imaginar que versaba sobre uno de sus debates literarios favoritos porque sus familiares le escucharon decir «romanticismo... clasicismo... » y que también quería despedirse con un mensaje de hedonismo y nostalgia por todos los paraísos perdidos, pues acabó musitando algo sobre «las uvas doradas». Sólo pudo añadir: «Punto».

Punto y aparte. Punto final. Ningún homenaje fúnebre sería suficiente para reflejar todo lo que él ha representado en el último medio siglo de la vida de España. Pero al menos vamos a intentar dedicarle una despedida lúcida y sentida de 100 días durante los que otras tantas firmas del periódico escribirán en este mismo espacio y con este mismo formato. No de él, ni como él, sino de lo que les dé la gana. No de Umbral, ni como Umbral, sino de todas las uvas doradas o agraces de la vida.

Comentarios

Con Umbral se va también una época, una raza de literatos que vivían por y para la literatura las 24 horas del día.

Publicado por Salva a las Agosto 30, 2007 07:14 PM

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