El Premio Nobel de Literatura ha despachado la presencia española y portuguesa en América con contundencia: "En cinco siglos de humillación les robamos [a los indios] las creencias, la tierra, los dioses; les robamos todo". Según él, lo ocurrido allí fue "un crimen histórico".
A estas alturas y con la misma aburrida cantinela.
Bien... Esto en el "debe". Pero, ¿y en el "haber", no hubo nada en el "haber"?
¿Preferiría el escritor portugués -y los que analizan el pasado con la misma óptica- que los naturales del Nuevo Continente hubieran continuados en el grado de desarrollo en que se encontraban cuando llegaron los españoles y portugueses. Es demasiado tarde para seguir encaramados en la añeja teoría del buen salvaje.
Pero la cosa no termina aquí...