Diciembre 30, 2006

La invitación a vivir al día: El Club de los poetas muertos

Publicado a las Diciembre 30, 2006 01:16 PM

La sociedad actual vive dominada por la filosofía hedonista, según la cual el placer es la única razón de la vida.

Horacio, el excelso poeta latino, resumió en dos palabras el placer por encima de todo: ¡Carpe Diem!, que es una invitación a vivir al día, a exprimir el instante, a extraer de cada momento todo el placer que pueda contener.

Desde la antigüedad, la identificación del bien con el placer ha tenido devotos seguidores en todas las épocas.

Entre los ejemplos más recientes se cuenta la interesante película El Club de los poetas muertos (1990). En ella se ofrece una continua invitación al hedonismo. La acción transcurre en un prestigioso colegio norteamericano. El original profesor de Literatua Keating, quiere salvar a sus alumnos del aburrimiento, de la monotonía y de la mediocridad, proponiéndoles echar la imaginación a volar, salir del montón y vivir con intensidad el instante. Para ello recupera y repite el viejo ¡Carpe Diem! horaciano: "Aprovechad el momento, chicos, haced que vuestra vida sea extraordinaria, para que nadie llegue a la muerte y descubra que no ha vivido".

No le falta razón al profesor. Su interpelación afecta de lleno a los muchachos y a los espectadores, precisamente porque la mediocridad y la ausencia de sentido son plantas bien adobadas en todas las latitudes.

Pero las consecuencias de esa insinuación inconcreta se saldan con un suicidio: el más sensible de sus alumnos sueña con ser actor de teatro; su padre se opone frontalmente a esa afición, y el chico decide que no merece la pena seguir viviendo.

La enseñanza queda clara: el ¡Carpe Diem! ha resultado mortal por carecer de dos matices: En primer lugar, aprovechar el instante no significa convertirlo en lo principal; en segundo lugar, llenar el tiempo no es amontonar intensidades placenteras sino formar un mosaico coherente.

Si no es más explícito, Keating puede hacer que sus alumnos corran a toda velocidad hacia ninguna parte, o hacia donde no deban. Keating debería explicar a sus románticos jóvenes que una vida agitada por el placer no es lo mismo que una vida lograda, y que amontonar acciones no equivale a encontrar el sentido de la vida; más bien, el sentido es algo previo a la acción: es lo que escoge, orienta y coordina las acciones.


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