La ha dicho -¡sorprendentemente!- Carod. Hay que despolitizar el catalán para que sea de todos. El líder republicano descubre así el Mediterráneo.
Reflexionando sobre este hecho, Álex Sàlmon (El Mundo, 18/12/06) duda de que los compañeros de Carod compartan su opinión, especialmente "los amigos de las sanciones en el comercio". O -añadiríamos nosotros- los que persiguen a los niños en los patios de las escuelas para obligarles a expresarse en "la lengua propia".
Una lengua que sanciona no es una lengua atractiva, nos recuerda el periodista. La fuerza del castellano proviene de su despolitización. El castellano es de quien lo habla, viva en Salamanca, Barcelona o en Buenos Aires.
Sàlmon afirma que "un catalán amable tiene más posibilidades de avanzar que el sancionador, el obligado, el que elimina oportunidades".
Claro que para ello es del todo imprescindible cambiar las leyes sancionadoras. "Y que la gente redacte el cartel de su negocio como le dé la gana".
Sea.