Dicen los observadores que alrededor del nuevo President de la Generalidad de Cataluña se está creando una fiel tropa de cortesanos siempre dispuesta a descubrir "toques de genialidad" en cada una de sus muecas silenciosas.
Y es que al parecer los que en un análisis superficial han juzgado a Montilla sólo desde la óptica de sus torpezas oratorias, están empezando a considerar que la austeridad verbal -frente a la incontinencia de su predecesor- puede ser el mejor instrumento para contener las ansias de protagonismo inherentes a sus socios republicanos.
Ahora tocan tiempos de silencio; se impone la frugalidad de la palabra.
Aunque, los que dominan el percal señalan que tal vez las cosas se han exagerado, y que el nuevo presidente asiste divertido a esa especie de concurso de semiólogos aficionados que compten entre sí por convertirse en intérpretes oficiales de la parca expresividad presidencial.
En cualquier, caso lo que parecer estar diciendo Montilla -que en privado "dice todo lo que tiene que decir"- es que los miembros de su gobierno deben seguir su ejemplo.
Un mensaje claro y diáfano, dirigido especialmente a los hombres de ERC, y muy particularmente al verborreico Carod, piquito de oro, que ha prometido contención. Queda por ver lo que hará el resto de los representantes de la formación separatista.