Hoy José Carlos Llop (ABC) nos recuerda que Aníbal, al final de cada una de las batallas, lloraba por todos y cada uno de los muertos, tanto del propio ejército como del enemigo.
Llorar por la muerte de sus soldados -dice el escritor- puede ser una obra de arte; ero llorar por el enemigo al que se ha enviado a la muerte es ¿cinismo cruel o signo de nobleza?
¿Cinismo o nobleza? Esta es la cuestión.