Con nocturnidad, sin luz y sin taquígrafos, y sin que tuvieran que pasar por encima del cadáver del ministro Caldera, ayer se consumó el expolio: los "papeles de Salamanca" salieron rumbo a Cataluña, como pago -una parte del pago- del señor Zapatero a los nacionalistas catalanes para mantenerse en el poder.
Un buen regalo del ejecutivo que preside el castellano-leonés a sus socios en el gobierno "a costa del patrimonio común de todos los españoles", como ha recordado el presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera.
Aparte del hecho discutible del autoproclamado derecho de propiedad de los nacionalistas catalanes sobre los documentos en cuestión, Zapatero ha cometido un error muy grave, porque con su gesto ha abierto la espita para una interminable serie de reclamaciones de obras de arte y de documentos que, de procedencia diversa, están hoy depositados en lugares situados en fuera de su comunidad de origen. Porque nadie duda de que el principio que ha inspirado a la ministra Calvo para llevar a cabo su polémica decisión será de aplicación general.
En Aragón y en Castilla y León ya se están haciendo listados a este respecto.
En esta malgestionada comunidad autónoma de "Castilla y León" existen "dos identidades históricas y culturales claramente definidas", en alusión a las coronas de León y de Castilla, que exige utilizar el término "los castellanos y los leoneses", frente al de castellano-leonés que usted emplea de modo recurrente, y creo que malintencionadamente.
Una de dos, o se es castellano, o sé es leonés. No se puede ser las dos cosas al mismo tiempo. En este caso, Zapatero es leonés, nació en León.
Por favor, no me mezcle churras con merinas, no se invente gentilicios ni confunda identidades.
Gracias.