Cientos de miles de ciudadanos expresaron ayer en el centro de Madrid su rechazo al proyecto de reforma educativa que impulsa el Gobierno socialista. El éxito de la iniciativa -como señala acertadamente Ignacio Camacho- refleja fielmente el nivel de preocupación de un sector muy relevante de la opinión pública ante los planes del Ejecutivo empeñado en gobernar al margen de la mayoría social.
Pero, ¿cuál fue el motivo que movió a estas personas?
Los manifestantes salieron para:
* protestar contra el caos en la escuela
* protestar contra la persimidad ante la falta de esfuerzo
* protestar contra el acoso a la concertada
* protestar contra la miopía de la doctrina nacionalista que sólo enseña la
realidad de la aldea y niega la anchura del mundo
* defender la libertad de elegir la educación de sus hijos
El problema es que este país está educando a sus generaciones más jóvenes en la más pura indigencia intelectual, en la falta de jerarquías, en el desapego por el estudio y en el analfabetismo funcional.
¿Podía ser de otra manera si tenemos en cuenta que en los últimos treinta años ha habido en España media docena de leyes generales de educación? Numerosas familias tienen hijos de distintas edades que han estudiado con arreglo a diferentes planes educativos en un mar de siglas: LODE, LOPEG, LOGSE, LOCE, LOE, LRU, LOU...
¿Qué se podía esperar de semejante caos?