Los países de occidente -entre los cuales se encuentra España- han realizado un largo recorrido, lleno de dificultades y obstáculos, para conseguir el grado de civilización que hoy tenemos.
Como cabalmente registra hoy Isabel San Sebastián en su artículo -"Defender nuestra civilización"- de "El Mundo", "nos ha costado mucho llegar a donde estamos": siglos de lucha fiera, de trabajo arduo, de reflexión incomprendida, de conquista laboriosa de parcelas de libertad; de lenta edificación de un modelo de sociedad democrático...
Nadie -añade la periodista- nos ha regalado nada. No hay motivos para averganzarnos ni derecho a tirar por la borda el sacrificio de nuestros antepasados.
Nuestro modelo de convivencia es mejor que el de quienes lo combaten; también el estado de bienestar es superior...
Pero aunque nuestro modelo es mejor se está agrietando, y las fisuras amenazan la estabilidad del edificio, denuncia San Sebastián.
"Nuestros gobiernos, desde la irresponsabilidad y la demagogia, han abierto las puertas a una inmigración descontrolada", y con una legislación obsoleta que no contempla esta realidad la situación empeorará.
Arde París, pero pronto arderá también Madrid si no somos capaces de prevenir la barbarie, y "no nos aprestamos a defender nuestra civilización con uñas y dientes, en lugar de propugnar alianzas grotescas".