Noviembre 10, 2005

Iñaqui según Boyero

Publicado a las Noviembre 10, 2005 11:40 PM

Carlos Boyero dedicó hace unos días (2/11/05) su habitual "tira" El voyeur, de El Mundo a glosar la figura de Iñaqui Gabilondo, con motivo del -entonces- inminente estreno de la nueva cadena televisiva, "Cuatro", esa graciosa -y más que dudosamente legal- concesión del Gobierno a De Polanco, en agradecimiento a los servicios prestados.

Para Boyero -colaborador radiofónico del comunicador vasco durante 16 años, y por consiguiente de objetividad cuestionable-, Gabilondo es un dechado de virtudes, es decir una persona extraordinaria en el trato personal, y un profesional como la copa de un pino...

Tan es así que Boyero presiente que va a tener una "adicción fija en horas pálidas de la noche consistente en ver y oír a un hombre que desprende veracidad (sic), autoridad estética (?) y moral (sic), que habla, pregunta y escucha inmejorablemente, cuyas opiniones legitiman (sic)".

No es poco, ¿verdad? Pues aún hay más: "Y encima, la cámara le quiere jun montón" (sic).

Y jucho más: "Durante los 16 años que he colaborado en su programa de radio, jamás intentó sellarme la boca, me ofreció libertad de expresión y la respetó siempre, aunque sospecho que bastantes veces no estaba de acuerdo con mis juicios. Nunca me manipuló, ni me amenazó, ni me chantajeó."

Al referirse al trabajo del vasco, Boyero se derrite: "Verle trabajar detrás del micrófono fue un privilegio, como observar al mejor director de orquesta (¡!), con la muy complicada partitura en su cabeza, marcando los tiempos con mimo, creando atmósfera."

Y la apoteosis final: "Posee tanto talento y personalidad que no precisa de eso tan necesario de la suerte, pero, por si acaso, yo se la deseo de todo corazón."

Carlos Boyero -increíble- convertido en ángel turiferario de primer grado.

No hay motivos para pensar que sus palabras no estén dictadas por la sinceridad, pero un elogio tan encendido e hiperbólico de un personaje tan controvertido -con amplias zonas oscuras en su trayectoria personal y el sectarismo frecuente en sus actuaciones- puede inducir a sospechar que está realmente guiado por el interés personal.

En definitiva, que parece -¿sólo parece?- que el escrito de Boyero es un guiño dirigido al exitoso radiofonista para que se acuerde de él -un hombre leal donde los haya- para su nueva aventura televisiva.

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