¿LOGSE? ¿LOCE? ¿LODE?... Muchas siglas y pocas nueces. Cada vez que hay un cambio de signo político en el gobierno de la Nación, se produce un cambio de Ley de Educación, y esto no hay país que lo soporte. ¿Tan difícil es que los dos principales partidos de ámbito nacional -PSOE y PP, los únicos con opciones de formar gobierno- se pongan de acuerdo en materia de tanta trascendencia para pactar unos acuerdos que queden a salvo de los vaivenes producidos por coyunturales triunfos electorales?
Son muchas las voces que se han levantado pidiendo estabilidad en asunto tan sensible, en beneficio de una mayor calidad de la educación. Una de las que más se han distinguido en los últimos tiempos es la del profesor Francisco Rodíguez Adrados, miembro de las Academias Española y de la Historia.
Hoy, desde el diario ABC, vuelve a la carga denunciando el mal trato que en la nueva Ley de Educacióln (la LODE), recientemente aprobada, se da a las lenguas clásicas, que prácticamente desaparecen de la programación de la ESO y del Bachillerato.
¿Será la del académico -como ya ha sucedido en otras olcasiones- una voz que clamen en el desierto? Nos tememos que sí.