- ¿La nano... qué?
- Sí, hombre, la nano..., la nanociencia.
- ¡Ah, sí; claro, la nanociencia... Y -con la impaciencia propia de quien es consciente de haberse convertido inopinadamente en protagonista de un diálogo de besugos- ¿qué es la nanociencia?
El titular periodístico dice: "La Generalitat y el CSIC invierten 16 millones en un centro de nanociencia". Y luego, el cuerpo de la noticia: bla, bla, bla...
Finalmente, una nota aclaratoria de la redactora -gracias, Elena Mellado-, que nos libera del consabido deambular por Google: "La nanociencia es una disciplina que estudia la síntesis y las propiedades de los materiales que tienen la dimensión de un nanómetro, una medida que equivale a una millonésima de un milímetro".
¿Y qué aplicaciones prácticas tiene la nanociencia? También la periodista, con la ayuda del director del CSIC, nos las descubre: "La fabricación de nanotubos [claro, es natural, ¿se podía esperar otra cosa?], más ligeros y resistentes, que permiten, por ejemplo, hacer raquetas de tenis que no pesan y pueden impulsar la pelota con mucha más velocidad. También permite avanzar en la lucha contra el cáncer o el Alzeimer, ya que las nanopartículas pueden dirigirse a células concretas".
¿Se acuerdan de don Hilarión: "Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad"?