“Miembro civil de una saga de heroicos militares franquistas”, Jesús (de) Polanco no sale muy beneficiado en el perfil que de él hace Rafael Pérez Escobar en su recientemente aparecida Memorias (Ed. Foca).
El libro compone, según Martín Prieto (El Mundo, 05/06/05), una variopinta galería de representantes de una generación que, a caballo entre dos siglos, “arrambló con dineros y prebendas en forma tan apresurada y avarienta que pareciera fuera a llevarse sus bienes al otro lado a lomos de la muerte: la gente guapa, con el corazón en el banco”. En este ejército con el ímpetu irresistible de neófito militó don Jesús, llegando, con ciega perseverancia, a erigirse en jefe de la tropa.
Con fino humor, Pérez Escolar vivisecciona cruelmente al emperador del grupo Prisa, del cual hace un retrato desternillante, haciendo uso de sus recuerdos o de las referencias de quienes le conocieron en su etapa de fervores fascistas: “Jesús Polanco era un joven de baja estatura y fuerte complexión, macizo, con el pelo rapado. De no haber existido el Frente de Juventudes lo hubieran tenido que crear expresamente para él, porque daba a la perfección el perfil del enérgico muchacho dedicado a respirar a pleno pulmón el aire impoluto de los campamentos y a nutrir firmemente su ideología en los Principios Inmutables del Movimiento Nacional y su revolución pendiente, la doctrina que en Covaleda impartía con unción ante la centuria de instructores Sancho el Fuerte”.
Pero lo que resulta realmente impagable es el testimonio de la “distinguida señora alemana”, vecina de Polanco, que cuando le veía salir “los fines de semana vistiendo el uniforme de la Falange, con el pantalón corto y la camisa azul, pletórico de correajes y signos fascistas, solía decir: ‘Pero a donde va este tan mayor con unas piernas llenas de pelos que parecen escarpias’. Pues a hacerse rico con el PSOE, señora”. Así nacía el "centurión peludo".
Tampoco quedan sepultadas en el olvido otras figuras vinculadas políticamente al franquismo; algunas, de cuya relación todo el mundo es conocedor (Aznar, Rato…) y otras que, habiendo disfrutado de todo tipo de prebendas y beneficios bajo el manto protector del Régimen del Caudillo hasta elevarse a cumbres de privilegio, hoy alardean de “demócratas de toda la vida”, entre los que ocupa lugar estelar el inefable y un tanto mefistofélico Juan Luis Cebrián.
Un libro, en suma, revelador del más reciente pasado patrio.