Ayer en Madrid, cerca de un millón de personas se manifestaron contra ETA. Hoy, naturalmente, todos los medios de comunicación se hacen eco de la noticia.
También, como viene siendo habitual en este tipo de explosiones sociales, hay múltiples discrepancias a la hora de las valoraciones y lecturas del acontecimiento; y no sólo en los pequeños detalles.
Por otra parte, paralelamente a la de Madrid, en Bilbao, convocada por la ilegal Batasuna, se desarrolló, también ayer, otra manifestación -que reunió a 20.000 personas- en favor de ETA.
Entre otros varios detalles, y al margen de las ya gastadas, por repetidas, reflexiones tópicas que suelen asaltarnos en estas ocasiones, sorprenden en los pormenores -que, habría que denominar "pormayores" por su peso, volumen y entidad- hechos como, por ejemplo:
1º) Que una entidad política ilegalizada por su vinculación con el terrorismo pueda convocar en un Estado de Derecho, sin que nadie pueda, "de iure" o "de facto", evitarlo, una manifestación de apoyo a una organización terrorista condenada.
2º) Que una vez convocada la manifestación, nadie mueva un dedo para impedirla.
3º) Que, en cambio, los promotores del movimiento contra ETA hayan encontrado más obstáculos legales para manifestar públicamente su repulsa a la banda terrorista que los amigos y simpatizantes de los pistoleros para exteriorizar a éstos sus apoyos.
¿Alguien imagina una situación parecida -ni siquiera lejanamente- en un país "civilizado", en el sentido prístino del término?
Y por hoy, nada más. A ver qué noticias nos trae la prensa de mañana sobre la "puesta en escena" de aquellos dos afamados bufones orientales en su alegre parrandeo de este último fin de semana.
Qué bien los definió Romanones: "¡Qué tropa!"