Joaquín Sabina está preocupado. En él no es nada sorprendente, porque lo suyo es la preocupación por las zozobras de sus semejantes: todos le reconocen su capacidad -muy rentable para su cuenta corriente, por cierto- para solidarizarse con los oprimidos (menos los de Castro), los olvidados de la fortuna (excepto los de los países sometidos al marxismo empobrecedor) y las víctimas masacradas por las guerras promovidas por el "capitalismo salvaje", cuya encarnación paradigmática es EE. UU (de las otras guerras, ni hablar)...
Pero lo que preocupa ahora a Sabina nada tiene que ver con estas cuestiones. Es más -¿cómo diríamos?- íntimo, tal vez, y está ligado a su imagen, no artística, sino personal; tiene que ver con algunas nuevas amistades que va haciendo en los últimos tiempos, a medida que asciende en la escala social.
Veamos. Parece que la cadena Telecinco tiene unas imágenes "comprometedoras" (sic), en las que nuestro trovador aparece dando vivas a la República, grabadas al término de la cena-homenaje a Santiago Carrillo, celebrada recientemente.
Leo que testigos presenciales aseguran que el cantautor estaba muy exaltado esa noche -cosa que en él no es desacostumbrada, especialmente cuando comparte mantel con sus amigos-, contando chistes y haciendo comentarios en voz alta, de suerte que tuvo que ser requerido por un asistente para que moderara el tono de sus palabras, que empezaban a desbordarle.
El brillante y adinerado juglar de la progresía estaba sentado en torno a una mesa integrada por actores y artistas, entre los figuraban Víctor Manuel -ese jilguero que elevaba trinos laudatorios al Caudillo en ocasión de la celebración de los XXV Años de Paz-, Juan Diego y Rosa León, que mostraron en todo momento un ánimo mucho más templado.
Y a todo esto, ¿cuál puede ser el motivo de la preocupación de Sabina, un hombre que, como todo el mundo sabe, es republicano, según propia y reiterada confesión, y que siempre ha presumido de "no tener pelos en la boca" y de rehuir lo políticamente correcto?
Pues -¡abróchense los cinturones!- la cosa es muy sencilla: el cantante, que se ha dirigido a la dirección de Telecinco para pedir que las imágenes no sean emitidas, ha esgrimido que mantiene una relación amistosa con... el Príncipe Felipe y con su esposa Letizia Ortiz, que "podrían sentirse molestos al ver esa grabación".
La noticia de prensa señala que "todo indica que Telecinco ha tomado en consideración la explicación de Sabina y ha decidido no emitir las imágenes" cuya difusión tanto disgustarían al cantante.
Otro republicano seducido por el encanto de la monarquía que ve como entran en conflicto sus convicciones políticas más íntimas y sus intereses personales. ¡Ver para creer!