Hoy he dedicado muchas horas del día a seguir íntegramente, en directo por televisión, la cuidada representación que los políticos han hecho en el Parlamento de Cataluña, con motivo de la presentación, realizada por Piqué, de la moción de censura al presidente Maragall.
Mañana tendrá lugar la votación. El resultado está cantado: la moción no prosperará, porque el Partido Popular (PP) -aislado en la cámara autonómica- no tiene apoyos.
Pero el resultado, en esta ocasión, es lo de menos. Lo importante era ver cómo se escenificaba hoy la farsa entre los líderes del PSC y de CiU, Maragall y Mas, respectivamente.
Y, en este sentido, no ha habido ninguna sorpresa; todo ha sucedido como era previsible, como figuraba en el guión: Maragall pide vagas disculpas "al pueblo" por sus acusaciones a CiU, y Mas -que, en un acto de chulería muy propio de su formación, ningunea al ponente del PP, nengándose a contestarle- retira la querella interpuesta contra el presidente de la Generalidad, como estaba deseando hacer. ¡Y aquí paz y después gloria!
Jugada maestra de distracción la que han protagonizado hoy estos dos soberbios histriones que son Maragall y Mas en el singular escenario del parque de la Ciudadela, con la bendición del "ayatoláh" Carod-Rovira y sus sermones laicos, y en presencia, en el rol de mero figurante, de Saura. Y vuelta a la serena tranquilidad silenciosa del oasis
Mientras tanto, ¿alguien se acuerda ya de "lo" del Carmelo?