Hasta hace poco tiempo, en nuestro país -España- los que habían conseguido la aureola de "sabios" o de "expertos" contaban con el reconocimiento unánime de la opinión pública. La admiración que hacia ellos se sentía rayaba en muchas ocasiones en la devoción cuasi religiosa. Y ello pese al carácter iconoclasta de los híspidos hábitos del genio de la raza.
No sucedía lo mismo con la pésima reputación sedimentada por las comisiones o grupos de personas a las que se encomendaba la misión de estudiar una cuestión determinada con el objetivo de resolverla. Tal vez porque el intuitivo pueblo español había vivido las mismas experiencias que condujeron a Napoleón Bonaparte a formular la conocida recomendación de que "si se quiere hacer una tarea, se debe nombrar a una persona, pero si no se quiere hacer hay que nombrar una comisión".
Hoy las cosas están cambiando "que es una barbaridad", como proclamara aquel castizo boticario madrileño que en tan dulce compañía se divertía en la verbena de la villa y corte. Cambios muy profundos y vertiginosos... para peor.
Porque la verdad es que las comisiones no han mejorado su imagen, mientras que ciertos "sabios" o "expertos" han visto como su brillante imagen ha experientado -ha sufrido, sería más justo afirmar- un "claro" proceso de oscurecimiento (valga la aparente antinomia).
Y si no, que alguien me diga cómo ha quedado el prestigio personal de los señores Peces Barba o Mayor Zaragoza, entre otros, después de su desafortunada actuación -marcada por un partidismo sectario y sumiso al poder rayano en lo vergonzoso- en los encargos recibidos por el Gobierno en relación con los temas de las víctimas del terrorismo y con el archivo de Salamanca.
En cuanto al comportamiento de la Comisión del atentado del 11-M, nada nuevo: el colectivo se ha limitado a seguir con entusiasmo de novicios el principio napoleónico anteriormente recordado, bien aliñado por los condimentos de las cocinas respectivas de cada partido.
Y ahora, para terminar por el momento, se nos anuncia un nueva muestra del funcionamiento típico de una comisión: en este caso la de "sabios de TV".
El culebrón continuará.