Hace pocos días asistíamos al tremendo espectáculo de las justas acusaciones de Pilar Manjón, la presidenta de la Asociación de Víctimas del 11-M, ante la comisión de investigación del atentado terrorista.
La madre angustiada por la pérdida de su hijo personificaba en su denuncia dramática el dolor de todos, los afectados en sus propias carnes y en la de sus seres queridos y al resto de los españoles.
Pedía a los políticos unidad y aplicación estricta de la ley contra los terroristas. Nuestros representantes, silenciados por el peso contundente de los argumentos de la representante de las víctimas del terror, hacían, tras sobreponerse a la inesperada situación, protesta pública de enmienda y dureza contra los agentes del terror.
¿Cuánto ha durado tan digno y elevado propósito? Un suspiro. Pocas horas después de la compunción, un grupo de representantes de Batasuna, el grupo ilegalizado por sentencia firme por su connivencia con Eta, ha sido recibido, con todos los honores, por el Presidente, y otros miembros, del Parlamento de Cataluña.
¡Bonita forma de combatir el terror!
Y es que la cabra tira al monte...