"Los alemanes han sido derrotados, pero los germanófilos españoles,no". Con inapelable ironía despachaba Julio Camba la caída de Alemania en la Primera Guerra Mundial al constatar que en nuestro país los partidarios de las potencias centrales seguían defendiendo unas trincheras simbólicas aunque las auténticas hubieran sido ya abandonadas por las tropas del kaiser.
La cita -recogida por Fernando Díaz-Plaja en su libro Confesiones "políticamente incorrectas"- me ha venido a la memoria hoy en relación con la actitud adoptada por un amplio sector de lo que se ha dado en llamar la "progresía" española (también, al parecer, de una gran parte de la del resto del mundo) tras la victoria electoral del candidato republicano Bush a la presidencia de los EEUU.
Y es que este escogido grupo de salvadores de la humanidad pecadora no acaba de aceptar que la realidad, con una aplastante contundencia, haya venido a desbaratar sus previsiones de triunfo del candidato demócrata. ¿Cómo -se preguntan los arrogantes agoreros- la realidad no se ha plegado a nuestros designios? ¿A qué extraño motivo puede haberse debido el hecho de que los electores americanos hayan osado contravenir nuestros incontrovertibles augurios?
Pero superado el pasmo de los momentos y el insomnio de la primera noche, los incansables modeladores de la conciencia del mundo vuelven a la carga. Ya han dictado su sentencia: "los americanos" -¡pobrecitos!- no saben lo que hacen, se han equivocado... ¡Ya pagarán su error!
Y vuelta a empezar...
¿No será que hay por ahí mucha mente averiada que confunde sus sueños con la realidad? Creo que es para estas ocasiones para las que los estadounidenses tienen reservada la expresión wishful thinking, que viene a significar algo así como la opinión que expresa "lo que gustaría que hubiera ocurrido".