Con una Catedral repleta de feligreses, Lluis Martínez Sistach tomó ayer posesión de su cargo al frente de la archidiócesis de Barcelona.
Todos los periódicos del día -especialmente los catalanes- se hacen eco de la noticia, en lugar y con caracteres destacados. Casi todos añaden a la crónica un comentario valorativo de lo que supone el cambio en las actuales circunstancias, así como de la personalidad del nuevo arzobispo y de las de su predecesor el valenciano Ricard Maria Carles.
Carles ha desarrollado su ministerio con grandes dificultades al frente de la archidiócesis barcelonesa -a las cuales no ha sido ajena su condición de valenciano de origen-, literalmente asediado por el influyente y poderoso -¿también mayoritario?- sector clerical catalán al servicio del nacional-catolicismo militante.
Ahora, con el nombramiento de Martínez Sistach, parece que esta facción, que pese a todo había sido mantenida a raya por Carles, recuperará la fuerza que tuvo con el cardenal Jubany, del cual Sistach fue obispo auxiliar. Además éste tiene buena sintonía con el que va a ser su principal auxiliar, Joan Carrera, conocido por su catalanismo radical. No tiene nada de extraño que algunos hayan recibido al nuevo arzobispo con la aclamación del "otro Jubany".
En resumen, que el clero católico catalanista se ha apuntado un triunfo en su deseo de controlar las conciencias de los fieles.
A partir de ahora la Iglesia católica catalana será menos católica aunque más catalana.
¡Que Dios nos coja confesados! Nunca más que ahora ha tenido sentido la jaculatoria impetratoria.