Hoy parece claro que al Fórum de las Culturas -publicitado bajo el eslogan del ecologismo, el multiculturalismo y el pacifismo- sólo pueden salvarle de su desabrigo de público los espectáculos lúdico-festivos que se organizarán, de prisa y corriendo, durante los meses del verano. El objetivo oficial fundamental -el de foro universal de debate- está resultando un fracaso evidente, y los diálogos no han cumplido, ni parece que cumplirán, las expectativas creadas.
Cada día aumenta el número de los que se atreven a manifestar en voz alta o por escrito su oposición al desarrollo del evento, no escaseando quienes piden, incluso, la clausura del mismo.
Algunos -como el periodista Miquel Porta Perales, en su artículo del ABC Cataluña de hoy- se hacen preguntas tales como la de que "por qué razón el Ayuntamiento de Barcelona ha tenido la ocurrencia de camuflar una operación urbanística con el manto del ecologismo, el multiculturalismo y el pacifismo".
Inteligente pregunta, sí, señor.
El analista propone una hipótesis brillante, de raíz espiritual, que, en mi opinión, puede explicar, en parte, la razón de la puesta en escena -porque eso es, en gran medida, una magna puesta en escena- del Fórum, pero que no explica el hecho de adobar la gigantesca actuación inmobiliaria con los oropeles de un ficticio encuentro universal de las culturales.
Yo creo que el motor de la gran operación es más prosaico, y tiene mucho más que ver con prácticas meramente especulativas.
En cualquier caso el escrito de Porta Perales contiene ricas reflexiones.