La relación entre el PSC (el partido de los socialistas catalanes)y el PSOE (el partido de los socialista españoles)está regida por unas leyes muy particulares como cualquier observador, medianamente atento, de la vida pública nacional habrá podido observar. El asunto, por obvio, no deja de ser uno de los misterios más inextricables con que hoy tenemos que enfrentarnos los españolitos de a pie.
Para empezar, y aunque muchos de los votantes de ambas formaciones distraídamente lo ignoran, PSC y PSOE son "distintos", como estamos fatigados de oír decir al ínclito y nunca bien ponderado Pasqual Maragall, presidente de la Generalidad de Cataluña. Una distinción que impide al PSOE -partido nacional- decidir en los asuntos "internos" del PSC -partido catalán y catalanista-, pero que permite a éste intervenir en las decisiones del PSOE (y, a través de este mecanismo tan singular, influir en los socialistas del resto de España)y no cumplir los acuerdos conjuntos, que pueden acatar o no, según convenga, siempre -no faltaba más- en razón de la peculiaridad catalana.
Pero hay más. Al no estar presente en Cataluña el PSOE como tal, al posible votante socialista, descartada la opción de abstenerse, no le queda otra posibilidad que apoyar al PSC, que, como hemos apuntado antes, "no es el PSOE". De donde se desprende que el gran contigente de potenciales votantes catalanes del socialismo nacional acaban decantándose en las urnas por las papeletas del PSC, que -y la redundancia es imprescindible- "no es el PSOE".
En estas circunstancias -dados los impagables servicios que el PSOE presta al PSC-, lo propio sería que los socialistas catalanes les estuvieran sumamente agradecidos a sus "hermanos del Estado", ¿no? Pues, no; al contrario: últimamente se está imponiendo en los círculos socialistas catalanes -y así lo reflejan los medios de comunicación- la especie de que el PSC constituye uno de los pilares fundamentales en que se apoya el PSOE. ¡Y que éste debe estarle eternamente agradecido. ¡Ver para creer!
Una verdadera jugada maestra. Alguien ha dicho que la relación entre ambas formaciones socialistas -la nacional y la autonómica- es de simbiosis. Pero, ¿es esto cierto? Creemos que no. Independientemente de que las auténticas simbiosis -es decir, aquellas en las que las asociaciones representan una necesidad vital para cada uno de los dos simbiontes- son rarísimas en la naturaleza, un biólogo diría que el término más adecuado para definir la situación sería el de parasitismo, ya que los beneficios obtenidos respectivamente por cada uno de los dos asociados no se hallan equilibrados.
¡Ah! Y, por si hay dudas..., el parásito no sería el PSOE.
¿Y si probara el PSOE a presentarse en lista separada del PSC? Tal vez las cosas se esclarecieran...