Hace unos días murió el ex presidente de los EEUU Ronald Reagan. Hoy, en La Tercera de ABC de Madrid, José María Aznar le dedica un artículo en el que define al americano como "un político de principios".
El escrito no es un nota necrológica al uso; es eso, sí; pero es algo más también: es una definición de lo que el ex presidente español entiende por tarea de estado, definición con la cual se podrá o no estar de acuerdo, pero que delimita claramente unos perfiles y unas prioridades de la cosa pública, independientemente de la popularidad o impopularidad de las medidas a tomar.
Para Aznar el presidente Reagan fue un político de principios; "un gran estadista que defendió no sólo los legítimos intereses de su país, sino las libertades de todos"; un político que no se guarecía tras el burladero de lo políticamente correcto, sino que salía a la plaza a decir la verdad, y a luchar por la verdad...
A cambio -según el líder popular- Reagan "tuvo que pagar el precio político que la izquierda pone siempre a quienes no aceptan que el socialismo sea moralmente superior, o políticamente más legítimo": el ataque personal, el desprecio, las acusaciones infundadas...
Desde la óptica del pensamiento liberal Reagan es visto como "el impulsor de la revolución por la libertad". ¿Cuál será el juicio general final con que le recordará la Historia?