Antes de que fuera una voz subversiva, la palabra "España" podía emplearse sin ningún riesgo fuera de los más profundos pliegues de nuestra intimidad. Ahora su uso público ha quedado confinado a ámbitos -pocos- muy específicos y reducidos. Uno de ellos, por ejemplo, es el de algunos -no todos- de los estadios deportivos donde compite la selección nacional española de fútbol.
La sencilla constatación de este hecho inspira el artículo que, bajo el título de "En el fútbol si se puede gritar España", firmó Raúl del Pozo el pasado domingo día 13 en el diario El Mundo. El escrito es la crónica del partido que el día anterior jugó España contra Rusia en la Eurocopa que se está disputando estos días en Portugal.
Con la agudeza y la fina elegancia que le caracterizan, el periodista compone un texto brillante (tan alejado de la prosa ramplona con que habitualmente suelen flagelarnos muchos que dicen ser periodistas), en el que la anécdota del lance deportivo se convierte en puro pretexto para abordar algunos de los problemas que tiene planteada la España actual, como el la crisis de identidad a la que quieren abocarla algunos políticos.
Raúl del Pozo, ese otro Raúl...